¿Hay futuro para Córdoba?

Por Fernando Barri

Agua que no has de beber

Abrimos la canilla de nuestras casas y nos tomamos un vaso de agua con la misma naturalidad con que respiramos. No tenemos en cuenta que en un futuro no muy lejano, podríamos abrir la misma canilla y que de ella no salga nada, y no precisamente porque se haya roto un caño de distribución, sino simplemente porque hayamos agotado el recurso. El agua es un recurso renovable, pero se puede perder por completo si alteramos los ciclos naturales en los que se desarrolla. Nuestra actitud de desaprensión ante un elemento tan vital en nuestras vidas se aprecia mejor si tenemos en cuenta que un tercio de la población mundial (miles de millones de personas) no tiene asegurado el acceso al agua para consumo.

Había una vez un bosque

Los bosques nativos están íntimamente vinculados con el agua, no solo porque al igual que nosotros también la necesitan para vivir, sino porque en su estructura la cobijan y retienen junto con el suelo. Por ello decimos que las cuencas serranas son nuestro tanque de agua natural, ya que si están bien conservadas, por el llamado “efecto esponja”, evitan las crecidas drásticas de los cursos de agua en la época de lluvia y retienen parte de esa agua para que esté disponible en la época de sequía. Y es importante tener en cuenta que todos vivimos en una cuenca, y que lo que pasa en ella afecta la cantidad, estacionalidad y calidad del agua que se genera en la misma. A pesar de ello, la política de los últimos gobiernos provinciales ha sido permitir que nuestros bosques desaparecieran casi por completo, es decir nuestras cuencas pasaron de ser esponjas a ser “toboganes”, lo que explica que en la temporada de lluvias el agua no sea retenida y destruya todo a su paso, y que a su vez en la temporada de sequía suframos su falta. El haber favorecido a los grupos económicos concentrados, ya sea grupos inmobiliarios o agropecuarios, ha provocado que un bien común tan esencial se haya visto seriamente afectado, dado que el ecosistema que lo provee fue desapareciendo por orden y gracia del “dios del dinero”.

Una amenaza sin precedentes

Así titulamos en 2010, junto con otros colegas de la traicionada comisión de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos, un artículo en la revista de la Universidad Nacional de Córdoba. En él sintetizábamos la amenaza que implicaba la pérdida de bosques nativos en nuestra provincia, y cuando hablamos de amenaza no hablamos solo de los recursos que perdemos, sino sobre todo de las consecuencias sociales, económicas e incluso en vidas que ello implica. Lo ocurrido en Sierras Chicas a partir de las copiosas lluvias de febrero de este año es un claro ejemplo de ello. El pedido por parte de los vecinos de la región para que se declare la emergencia ambiental en la provincia está claramente justificado. Los estudios realizados indican que Córdoba ha perdido en el último siglo más del 90% de sus bosques y cerca de un 25% de sus suelos, lo que implica que grandes extensiones de la provincia se hayan convertido en desiertos improductivos, regiones enteras condenadas a la pobreza y la marginación. Si a ello le sumamos las proyecciones de cambio climático y la masiva contaminación, tanto de origen urbano como rural a la que estamos expuestos, no pueden quedar dudas que estamos ante una crisis ambiental sin precedentes. Sin embargo, el Gobierno de Córdoba no solo no toma en cuenta esta situación, sino que habla de “tragedia natural” cuando es evidente que también existieron causales políticas que incrementaron el daño ocurrido por las lluvias.

De qué hablamos cuando hablamos de política ambiental

Si un candidato a gobernador o intendente propusiera para las próximas elecciones como política de salud cerrar todos los hospitales y como política de educación cerrar todas las escuelas, probablemente ello generaría el rechazo de la mayoría de la población, quienes verían desencadenarse profundas crisis sanitarias y educativas si esas políticas se cumplieran. Sin embargo, el gobierno provincial y la mayoría de las intendencias de las regiones serranas han propuesto como política ambiental, en forma reiterada y con distintos argumentos, los desmontes masivos, la instalación de barrios cerrados por todas las cuencas, y hasta traer agua de otras regiones cuando ésta se nos acabe. Pero lo más grave no han sido que esas políticas se hayan convertido en una triste realidad, sino que el grueso de la población las aceptó sin miramientos, y hasta las aplaudió en más de una oportunidad… Los proyectos sociales para reforestar y recuperar parte de lo que hemos perdido son importantes, pero lo que realmente necesitamos es una correcta política ambiental en nuestra provincia, que implicaría entre otras cosas que los funcionarios de turno prohíban los desmontes y la instalación de nuevos emprendimientos inmobiliarios en las sierras, cosa que hasta el momento nunca ha ocurrido.

Ambiente, sociedad, economía y calidad de vida

Es fundamental que la sociedad cordobesa comprenda que cuidar nuestro ambiente no es simplemente mantener algunos árboles y flores, o dejar esa preocupación en manos de los “ecologistas”. Perder nuestros recursos naturales y servicios ecosistémicos afecta directamente nuestra calidad de vida. Sin cuencas bien conservadas no hay agua, sin suelos no hay producción, sin agua y sin producción no se desarrolla la economía, con una economía deprimida se incrementa la pobreza, el incremento de la pobreza genera conflictos sociales, y los conflictos sociales incrementan la inestabilidad política. Por eso, ante eventos como el ocurrido en Sierras Chicas debemos ir al origen del problema y preguntarnos: ¿qué han hecho nuestros gobernantes en las últimas décadas en materia de política ambiental? La respuesta es: poco y nada, y en general nunca se pusieron límites a los sectores de poder que se han encargado de destruir el ambiente.

¿Otra Córdoba es posible?

Los ecosistemas tienen cierta capacidad de recuperarse ante los impactos antrópicos, y pasados esos límites, en muchos casos es posible realizar una restauración ecológica, como hacen en muchos países del mundo donde comprendieron la necesidad de recuperar los servicios ambientales perdidos. Sin embargo, ello requiere de mucho esfuerzo, recursos económicos y humanos para llevarlo a cabo y los resultados recién se observan luego de transcurridos muchos años. ¿Es posible recuperar parte de nuestros ecosistemas naturales ante el actual escenario de crisis ambiental que sufre nuestra provincia? Podría serlo, pero ello requeriría que el Gobierno tome algunas medidas claras y concretas, entre las que se pueden mencionar: sancionar la prohibición al avance de la frontera urbana en las regiones serranas hasta tanto no se realice un ordenamiento territorial participativo con bases sociales y ambientales, crear reservas estrictas e invertir en los recursos humanos y materiales necesarios para su protección, impedir sin excepciones que se desmonte una sola hectárea más de bosque nativo, convocar a todos los sectores e instituciones involucrados para la gestión integral de las cuencas, y aplicar las medidas que ello implique, sin importar que intereses inmobiliarios se ven afectados. ¿Será ello posible?, todo dependerá de cómo reaccionemos como sociedad de aquí en adelante.

“Me interesa atravesarte con la voz”

Entrevista a Gabo Ferro, por Belén Aquino

Un caleidoscopio inquieto, apasionado, amante de las margaritas que se esconden en los chiqueros. Deconstructor de belleza y etiquetas, Gabo Ferro vive al amor, la palabra, la paz y la libertad como motores de cada uno de sus días. Un ser despreocupado por gustar y atento a conmover con eso que lo maravilla.

–Una de las primeras cosas que se puede saber de vos es que sos historiador, además de cantautor y poeta, si es que cabe la diferencia. ¿Vivís esto como distintas identidades?

–Sí, son identidades múltiples y siguen apareciendo cosas nuevas… Al principio, hace 20 años cuando dejé una cosa para recomenzar otra pensé que había perdido el tiempo, y después me di cuenta que estas supuestas paralelas en algún lugar en el infinito se encontraron y se empezaron a nutrir; la chispa original es la misma para un ensayo que para un poema.

Todo me nutrió a mí mismo sensible, a mí mismo persona; tanto estudiar determinada corriente historiográfica, leer a cierto poeta, o escuchar ciertas músicas. Cada cosa tiene su tono de género para la escritura o para lo performativo, y creo que son cosas que se acompañan amorosamente, pero son diferentes: cosas que se complementan, y tienen el mismo sustrato.

–Como cantautor, ¿te pensás como un documentador?

–Sí. No en el proceso creativo, pero sí después cuando veo la canción o los discos. Por ejemplo, «Canciones que un hombre no debería cantar» tiene la canción «El amigo de mi padre», un tema del año 2004 cuando era impensable el matrimonio igualitario; no por supuesto una relación de ese tipo. Esto ahora es una barrera superada históricamente, pero ahí en la canción está el dato.
En cambio con los discos no, me gusta hacer discos sin tiempo. Mucha gente me dice: «tu primer disco parece grabado en los 70». Me gusta mucho desmalezar los géneros de audio que anclen el registro del disco a una época. Atiendo mucho a esto: trabajar en lo clásico desde lo técnico y la tecnología, pero no en las letras, ahí es lo contrario, es histórico todo el tiempo.

–Considerás entonces a la poesía y la música como dos discursos separados; ¿creés que podrían estar separados en tu obra?

–Me están tratando de convencer, pero me da mucho pudor… esto de convencerme de que soy un poeta. Porque los y las poetas que admiro y leo, tienen esa autonomía de vuelo de llegar acá y dar tres vueltas al mundo. Los y las poetas que me escriben, que vienen a los conciertos… eso me conmueve porque para mí el lugar de la poesía es un lugar más alto; no sólo por la factura y el logro del poema, sino también porque la poesía tiene eso performativo en la lectura, que me alucina y me parece la terminal perfecta: que pueda estar leyendo y de repente ponerme a cantar una parte porque siento que es un pasito en la enunciación de la poesía: cantar algo que me lo pida y escuchar eso que se conforma entre la gente que está escuchando y lo que me pasó a mí en ese momento con ese poema ese día. Eso me lo da la poesía y me lo da la música también. Entonces acá es donde yo me pongo a pensar que estoy desagregando algo que es un mismo cuerpo, al menos como yo lo entiendo. Entonces soy muy respetuoso de la letra canción, y probablemente por eso se la emparente con la poesía.

–En tus letras, y también en el título que elegiste para tu libro, se puede entender un protagonismo del cuerpo en la poesía, ¿no?

–Claro, y de nuevo lo performativo; no puede haber ausencia del cuerpo. No me animo a decir que no existiría, pero sí sé que se concreta en la lectura; en voz baja, en voz alta, como sea, pero con un cuerpo; con un cuerpo de lectura y también con un cuerpo que está siendo atravesado por un sentimiento que se conforma en una forma alfabética, porque la poesía es tratar de armar una geografía alfabética e imaginaria para lograr un fin: conmover. Y en eso el cuerpo no puede estar ausente.

–Lo ves en un espacio, en una geografía…

–Sí, totalmente. Que la construye y construye el cuerpo. Por eso hablo del intérprete como médium; el lector de poesía está trayendo a este mundo algo que antes no estaba; el músico, el cantante, el periodista está trayendo algo que no existía antes, y eso es algo mediúmnico, algo de otra dimensión; construís algo que lo disponés en estas tres. No dejo de asombrarme de eso; cuando me deje de asombrar esa magia, ese efecto mediúmnico que todos podemos tener, me voy a vender cigarrillos a un quiosco en el barrio de Mataderos.

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–¿Cómo pensás al amor, tan presente en toda tu obra?

–En particular te puedo decir que el amor a mí me atraviesa en lavarme los dientes, ir al baño, llevarme con la gente… no me puede no suceder nada si hay amor que esté atravesando eso. Solo soy capaz de hacer lo que me da alegría, lo que me da placer, lo que siento está atravesado por el amor, pero no es ese amor sesentas, ni ese amor manso; es el amor como violencia vital, motor de movimiento, de trabajo y de relaciones. Para mí es difícil no establecer una corriente amorosa con alguien con quien trabajo, con quien me relaciono, con alguien que reconozco. Tampoco siento ningún tipo de cosa embarazosa por ser demostrativo y afectuoso porque nunca me salió mal, y si salió mal alguna vez no valía la pena dejar de sentir que el amor me atraviesa y atraviesa mis cosas; me hace bien. Una canción mía dice ¿A quién le hace mejor que yo te quiera, a mí o a vos? y termina diciendo a mí. Y esto excede una relación de pareja; solo la toca en un punto, excede también las relaciones familiares. Muchas veces en las relaciones el amor no cuenta; no está, no existe, pudo haber estado. Hay mucho trabajo que hacer en laicizar el amor, sacarlo por fuera de los patrones religiosos, sociales, culturales, familiares, mercantiles.
El amor es de los temas que a mí más me interesa, y desde otro costado, porque el amor está alojado en un lugar bastante pelotudo. Las canciones de amor no tienen nada que ver con esa violencia que es el amor; violencia de vida, cuando el bebé sale y hace ¡buuuuaaaa!, es eso. Y muchas veces podemos cambiar de esta entrevista la palabra amor por poesía porque es lo mismo. Yo pensaba: ¿cómo venir a un Festival de poesía en el medio de esta tragedia de las inundaciones?, ¿se podía hacer? Y claro que se puede hacer. A mí me pasó en mi casa en Buenos Aires, una inundación tremenda: un metro de agua, y salí con una canción. Y no es que dije «bueno voy a escribir poesía y salir de la tristeza de la inundación». No. Cuando se hace carne esto no necesitás pensar: se hace carne. En las cosas que uno intenta laburar; escribir un libro, hacer un disco, trabajar en una obra, para que se hagan carne y cotidianos la poesía y el amor, no hay que pensarlos como cosas extraordinarias, sino como cosas cotidianas, ordinarias, del orden corriente y cotidiano. En mí funciona y en una gran cantidad de gente que conozco funciona.
El amor es un problema además, y ahí es donde me gusta también laburar, es un mundo tan complejo que es infinito. Una vez alguien me dijo «vos siempre escribiendo sobre el amor, el amor, el amor y la muerte, el amor y la muerte» ¿Perdón? Puedo escribir tres vidas sobre el amor y la muerte y creo que no me voy a repetir. ¿Por qué esa cosa poscapitalista de abarcar más temas? Yo la verdad que con el silencio, mi voz, mi cuerpo y la guitarra, ya está. «¿Vas con banda?». No necesito banda. Tengo el silencio y el sonido, y me alcanza. Y miré la guitarra otra vez y no vi solo cuerdas y una caja para hacer acordes; vi un instrumento de percusión que puedo preparar para golpear, para arrojar, para tirar. Creo que en eso también hay que mirar el grado cero de verdad: ¿Qué tenemos? Podemos decir, no es poco: empecemos por eso. ¿Cómo hacemos ahora para justificar que tenemos este derecho del decir? Y… cuando arrancás un la mayor y un rasguido desde ese grado cero, ya estás arrancando de un sitio desde el que tenés un tránsito más largo, pero van a aparecer más escenarios.

–¿Pensás en alguna idea de belleza al crear?

–Sí. También desde lo cotidiano. Por suerte me conmuevo y encuentro cosas bellas donde la gente no las ve. Y por lo tanto aparecen canteras de inspiración en el desayuno, en alguien que se acerca y me da un abrazo. Yo creo que hay que buscar belleza en la no belleza. Yo encontré mucha belleza en la no belleza. Y hay que trabajar para derrumbar el canon de belleza. Una vez un cantante célebre me dijo «pero si vos podés cantar lindo, ¿por qué cantás así?»; y cuando le expliqué esto me miró y me dijo: «Qué lástima». Y hay un montón de gente que canta «lindo». La verdad que a mí me interesa atravesarte con la voz, no tengo complejo con que me quieran; «cantá lindo para complacer a todo el mundo»; no me interesa.
Yo quiero poner en crisis permanente con todo lo que haga, el canon de belleza, sacando esta supuesta no belleza; del grito, del movimiento no correspondiente, del imprevisto, del quedarse sin aire, de ir a la fascinación: hacer belleza. Porque la belleza también es eficacia en el toque sensible. La belleza no es sólo ver esas cosas que están en el canon; una canción, una persona, un vestido… la belleza también se mide en su eficacia en cómo te sacude. Si no sacude, no es bello. Y este canon asocia a la belleza con la idea de bien; si sos bello sos bueno, si sos feo sos malo; según el color de piel, como te vestís, el color de pelo; la cultura empezó a tirar un montón de gestos que te asocian a lo bueno y bello, o te alejan. Entonces yo trabajo con el desecho, con la basura, con el residuo, con un montón de cosas que otros no, vaya a saber por qué cuestiones –sospecho algunas–: tienen miedo a no gustar, a que no los quieran.
Yo no paro de encontrar margaritas en los chiqueros porque… soy amigo de los chanchos. A mí la mugre no me asusta, ni la mugre ni la oscuridad. Y eso es una cantera preciosa, la no belleza.

–¿Pensás en el público y en el impacto de tu obra?

–Sí, porque está muy presente. Pensando diría que escribo para alguien libre, y por tanto angustiado. Y siempre me encuentro con gente que está escuchando y participando, comprando mis libros, mis discos… y es gente que está en paz, y que encuentra mucho placer cuando ve a alguien ejerciendo su libertad, en su trabajo.

–¿Te sentís parte de algún movimiento, de una contemporaneidad?

–Yo lucho mucho para no ser parte, no porque no me guste, pero hay algo en las clasificaciones que pretende encasillar, entonces yo le escapo. Cuando me dicen que soy cantautor me voy a una ópera, cuando me dicen que soy cantante de ópera, voy a otra cosa. Creo que las clasificaciones intentan eso, como los malos matrimonios: atraparte, enjaularte y dejarte astillado y me parece que se da de patadas con este laburo a nivel de producción, el estar «clasificado», suena policial, estar dentro de una escena, de un circuito. No, si a mí me preguntan yo siempre me corro. Entiendo que a veces las definiciones ayudan, no me molesta que me digan cantautor, trovador; no me molesta si te dispara una idea de más o menos en qué territorio me muevo. Pero hay gente que ha ido a verme pensando que era Silvio Rodríguez y no… yo no canto lindo.

FOTOGRAFÍA: Alejandra López

En memoria de Alberto Burnichon

El próximo 25 de marzo será el primer Día del Editor de Libros en nuestra provincia. Lo legitimó la Legislatura de la Provincia de Córdoba y se suma al reconocimiento que se viene realizando ininterrumpidamente desde 1997 en el marco de la Feria del Libro de Córdoba, donde se entrega anualmente el Premio Alberto Burnichon al libro mejor editado en Córdoba.

Iván Burnichon

Nació el 14 de febrero de 1918 en Tigre, provincia de Buenos Aires. Su trágica muerte fue producto del terrorismo de Estado. El 24 de marzo de 1976, la vivienda que ocupaban en Villa Rivera Indarte, Córdoba, fue tomada por asalto por varios hombres de uniforme identificados como del Ejército. La vivienda fue saqueada e incendiada. Alberto Burnichon, su esposa María Saleme, dos de sus hijos, su nuera y dos nietos se encontraban en la vivienda. Burnichon y su hijo David fueron secuestrados, David apareció con vida dos días después. Luego el cuerpo sin vida de Alberto, fue hallado en la localidad de Mendiolaza, con siete heridas de bala en la garganta.

El oficio

Burnichon, abrazó con fuerza el oficio de editar. El catálogo de obra publicada puede dividirse en narrativa, plaquetas y cuadernillos de poesía y plaquetas y cuadernillos de dibujo. Da cuenta de la magnitud de su tarea de rescate, el hecho de que –entre otros– con él publicaron trabajos –en algunos casos para dejar de ser autores inéditos– escritores como Manuel J. Castilla, Daniel Moyano, Alfredo Veiravé, Enrique Wernicke, Jacobo Regen, Miguel Ángel Pérez, Armando Tejada Gómez, y artistas plásticos como Carlos Alonso, Cristóbal Reynoso (Crist), Remo Bianchedi, Luis Saavedra, Roberto Fontanarrosa, Hermenegildo Sabat o Antonio Seguí.

La reconstrucción de este catálogo se concretó en 1996, con motivo de la Muestra Homenaje que se realizó en aquella edición de la Feria del Libro Córdoba. Este trabajo, de sustancial importancia documental, fue realizado por la familia y amigos del editor, quienes junto al poeta Aldo Parfeniuk (uno de los impulsores de la iniciativa) reunieron los ejemplares publicados por Burnichon en diferentes sitios y locaciones del país.

Con relación a las ediciones, el escritor Antonio Oviedo subrayó: “El sentido no fue otro que el de sostener un trabajo incansable con el libro, con las vicisitudes que el libro demanda a quien se ocupa de cuidar una edición”. Oviedo recordó que las ediciones de Burnichon comenzaron en el año 1957, y detalla los títulos: “Claridad vencida de Juan José Hernández; De solo estar y El cielo lejos de Manuel J. Castilla; Homenajes de sus amigos de Juan Pedro Ramos; y Exhortaciones de Ezequiel Martínez Estrada (con ilustración de Carlos Alonso)”.

El hombre

Al hablar de él, lo recuerdan como un personaje entrañable, que llevaba un portafolio cargado de libros y encendía diálogos en las redacciones de diarios, librerías y bares. Lugares que visitaba con frecuencia. Más allá de eso, hacía largos viajes al interior provincial y a otras provincias en busca de autores inéditos. Conduciendo su Citroneta, desempolvó la quietud de los caminos del interior sin prisa ni pausa.

Es recordado como un hombre que hizo un culto de la amistad. María Saleme dijo alguna vez que su esposo era “un excelente buceador y un amigo que ofreció su amistad sin reclamar el vuelto”. Por su lado, Eduardo Galeano expresó: “Hizo lo que hizo, lo mucho que hizo, sin pedir a cambio ningún aplauso. Pero él simboliza, aunque no lo haya querido, aunque no lo quisiera, a lo más entrañable del país que la dictadura intentó exterminar: el país profundo, hecho de tierras y de gentes fecundas en fraternidades y hermosuras”. Agrega Galeano “De Burnichon aprendí la humildad, la sabiduría que el pudor oculta, la cordialidad, el abrazo de verdad y el mejor brindis que he escuchado jamás y que habitualmente uso invocando la fuente: ¡por el pretexto!”.

Por su parte, un incansable divulgador de la vida y obra de Alberto Burnichon, el poeta e investigador Aldo Parfeniuk dice, “Burnichon debe ser ponderado como uno de esos imprescindibles constructores y sostenedores de un espacio semio/amiótico fuera del cual (y a esto bien lo sabían quienes lo eligieron como blanco de efecto multiplicador) no puede haber circulación, sino tampoco vida y acción simbólicas, es decir artística y cultural”.

En su día

Alberto Burnichon ofrendó su vida a la noble labor de la edición de libros y fue un importante actor del entretejido social y cultural de una época. Un aporte más a la necesaria tarea de mantener viva la memoria, es la institución del Día del Editor de Libros. Dicho proyecto, que contó con el apoyo de numerosas personalidades de la literatura, las artes plásticas y de la cultura en general, fue impulsado por Aldo Parfeniuk, Sergio Martina e Iván Burnichon (nieto del editor) y fue presentado en Cámara para su posterior tratamiento y aprobación por la legisladora Alejandra del Boca.

Un acto de reparadora justicia que pretende rescatar de un injusto olvido y doloroso silencio al editor.

*Fotografía de Anatole Saderman

Leer y escribir en la tele de la compu

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Por Diego Vigna en Deodoro, Marzo 015

Preguntas, contexto y evidencias, mientras las cosas suceden. Preguntas: ¿qué lugar ocupan hoy la ficción, el ensayo, la crítica, la poesía, en el mundo de la web? O mejor dicho, ¿dónde ocupan lugar hoy, más allá de lo material, los textos a los que llamamos literarios?

Antes de responder, contexto. Mencionaré entre corchetes algunas referencias que cito. La presencia de textos literarios en la web lleva a pensar en la materialidad de la escritura. Lo que heredamos como textos y texturas, deudores del papel impreso, hace años que se puede encontrar en las pantallas. La literatura actual parece haber asimilado y exacerbado el rasgo de que antes de leerse, se ve [Mazzoni y Scelsi]. Lo textual fue “contaminado” por elementos antes restringidos al mundo audiovisual; por ejemplo, el diseño como elemento primordial de lo ofrecido a un público [Botto]. Hoy compartimos esa tensión inherente a la práctica de encender aparatos y ver para leer. Los dispositivos digitales emiten luz: primero la pantalla, después la lectura. Las redes, que llegan en formatos, plataformas, plantillas, enlaces, archivos que dependen de la luz, ampliaron las posibilidades de acceder y compartir imágenes y textos. Eso modificó todos los planos de la comunicación y, por tanto, la velocidad de las cosas. Ambas entidades ampliaron su valor dentro de la lógica del consumo y el reemplazo. La velocidad, y las cosas.

Al interior y al exterior del campo literario, el poder de Internet explotó luego de la crisis de 2001. Mientras las voces críticas [Sarlo, Laddaga, por ejemplo] trataban de explicar el descalabro a partir del daño a la identidad colectiva y las reivindicaciones sociales, sostenidas por pilares históricos como la escuela pública, el capitalismo productivo y el desarrollo de los derechos sociales y políticos, al mismo tiempo narradores, poetas, periodistas “jóvenes y argentinos” inauguraron nuevas rutinas de vinculación entre pares, y de promoción de sus trabajos. Rutinas que poco parecían compartir con las generaciones precedentes; las formas heredadas de producir y mover literatura, aún hoy hegemónicas, dejaron de estar solas. Gracias al uso que hicieron los escritores del formato blog desde 2002 en adelante, que encontró su apogeo entre 2005 y 2008, lo impreso y lo puesto en circulación comenzó a tener un complemento en el mundo virtual. Continuar leyendo

Quien no lo admite, pierde

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Julieta Fantini en Deodoro, Marzo 015

Entre un puñado de colegas de la comunicación hay un consenso: las redes sociales lo cambiaron todo. Los trabajadores del periodismo que se hace todos los días, recibieron Twitter y Facebook algunos con enorme pesar y otros con fulgurante entusiasmo. Primero fue el celular, luego la Internet y ahora estas plataformas que claramente redefinieron algunas de las pautas más sagradas de la profesión como los anticipos o primicias y el chequeo de las tres fuentes. Puertas adentro, el ciclo de noticias antes determinado por la salida de los diarios (24 horas) pasó a durar minutos con consecuencias que dejan atrás a los medios tradicionales y posicionan a los digitales y a las mismas redes como el espacio donde se da la batalla por quién informa primero. Si sale bien, es secundario, aunque no menos importante.

La dictadura de los públicos

En este contexto, el frenesí informativo de las redacciones también se alimenta desde afuera por una nueva versión de la “dictadura de los públicos”. Lectores, oyentes y televidentes opinan, comparten, debaten, putean; en definitiva, participan y eligen bajo la mirada atenta de los comunicadores y sus jefes.

Así es que basta una mirada superficial a los títulos de los diarios y portales para encontrar frases hechas que funcionan como legitimadoras de acuerdos o desacuerdos de algo que parece ser (parte de) la ciudadanía en movimiento en Internet, y que abarca todo tipo de informaciones: desde el nacimiento de bebés de famosos, algún furcio, hasta la muerte de un fiscal. “Causó furor en las redes sociales”; “Se viralizó”; “Coparon las redes sociales”; “Generó indignación en las redes sociales”; “Lo boicotearon vía Facebook” y el siempre polémico “Revolucionó las redes” son algunas de las expresiones repetidas.

El discurso público retomado por los medios de comunicación tiene un nuevo espacio virtual de generación de contenidos y si bien no en todos los casos es representativo o verdadero, si es que a esta altura la categoría de verdad vale como argumento, nos explota en la cara. Digamos que no siempre los hechos como ocurrieron o la interpretación de los hechos es el material que circula en este nuevo y pequeño ciclo de noticias. Ejemplos sobran, fotos trucadas y muertes falsas son quizá la peor expresión de este fenómeno de la viralización de noticias que no son. Para el caso, fueron dados por muertos desde la Hermana Bernarda hasta Carlos Reutemann. Pero la circulación de rumores y las intrigas no se quedan atrás para hacerle pisar el palito a los periodistas o a cualquier usuario de Internet que toman por cierto aquello que aparece escrito en un tuit, sin contextos, sin chequeo, confiando ciegamente en las imágenes tomadas por celular o modificadas digitalmente y la palabra escrita en Internet por algunos de sus usuarios que no dudan en dar por cierto que Cristina Fernández de Kirchner se cambió la férula de pierna cuando en realidad en la foto tenía las piernas cruzadas. Demasiado cruzadas. Continuar leyendo

Una telaraña virtual: redes sociales y criminalidad

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Waldo Cebrero en Deodoro, Marzo 015

Hay 20 millones de usuarios de Facebook en Argentina. En esa virtualidad conviven víctimas y victimarios. Algunos lo usan para cometer delitos, desde estafas hasta ataques contra la integridad. También lo utiliza la Justicia en las investigaciones. Pero en la red social más popular, hasta los criminales pueden ser presas.

Facebook puede ser un terreno fértil para el delito o una estepa donde nadie –ni siquiera un criminal– puede esconderse.

Si no pregúntenle a Marcos Dávila, que se camuflaba bajo el nombre de “Brian Love” y adornaba su perfil con fotos de un musculoso adolescente –que no era él, porque él tiene 34 años– para seducir chicas, sobre todo menores de edad.

O a Jonathan Ronco, prófugo de la justicia con una condena por robo, que asistió a una cita amorosa a ciegas y terminó preso, porque la mujer que lo sedujo por chat era policía.

O al comisario Pablo Márquez, que irá a juicio por ordenar detener a inocentes para sumar estadísticas, y en su foto de perfil, donde se muestra barbudo y desalineado, un subalterno le escribió: “Jefe, se ve como uno de esos que detenemos cuando estamos al pedo”.

El Facebook puede ser un mar donde nadar como un pez o puede ser un anzuelo. Una red o una telaraña. Si no vean a los que se columpiaban como elefantes exponiendo en sus muros el botín de los saqueos de diciembre de 2013, hasta que atrajeron a la Policía.

Por ejemplo la vida de Walter Vinader, asesino múltiple. En Facebook parece una copia burdamente falsificada. Hasta la foto de su perfil es trucha, con uniforme de Prefectura y condecoraciones que nunca recibió. En su perfil se jactaba de saber esconder un cadáver, pero la realidad lo desmiente: al cuerpo de Araceli González lo llevó en un remis, envuelto en bolsas, hasta un basural.

El Facebook también dejó en evidencia a Adalberto Cuello, quien poco antes de matar a su hijastro de 9 años subió fotos y videos con el niño. “El oficio de ser padre”, escribió. Cuando lo señalaron como el homicida sus «amigos» se fueron borrando. Todos, menos alguien que dejó escrito: “Apa, ¿y el oficio de asesino lo aprendiste?”. Continuar leyendo

Esconder la mano

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Hay media serpiente tirada sobre una bolsa de residuos negra. Nunca antes había visto media. La serpiente, como cualquier ser cadavérico, horroriza. Tiene los dientes raleados y la boca semiabierta. Vista desde el corte, parece una agarradera de horno. Hablo de una imagen de Facebook que subió una vecina de la ciudad de Mendiolaza. Ella reclama por la falta de limpieza de los terrenos baldíos que la habían obligado a matar al animal. Algunos, muchos, apoyaron su demanda. Otros, muchos también, se rieron o criticaron su crueldad. Ecologistas y vecinos que pagan sus impuestos se enfrentaron defendiendo con sobrada intensidad sus propios valores utilizando el viejo recurso de acusar para ser absueltos. Todo aquello se diluyó. A pesar de la serpiente y de la intensidad verbal.

Casi al mismo tiempo, otro vecino envuelto en un conflicto barrial, amenazaba con mantener encendida una cámara filmadora para escrachar a quienes tiraran basura en la plaza pública. Yo imaginaba a los adolescentes que ahí mismo se besan o prenden sus primeros cigarrillos o esconden sus revistas porno. ¿Dónde deberían hacerlo ahora para no ser filmados? Otros prometían que denunciarían a quienes dejaran sus perros sueltos, y así… La tribuna virtual está abierta y la eterna tensión entre seguridad y libertad juega una nueva batalla. Cuando el control externo consigue reemplazarse por la autodisciplina, transformada en servidumbre voluntaria (La Boétie), dicen que el proceso de control se completa. Cámaras, escraches y exabruptos con costo cero para quien lo emite. Continuar leyendo