La delgada línea

Waldo Cebrero y Dante Leguizamón en DEODORO Septiembre, 014

 Los casos de Gatillo Fácil se multiplicaron en los últimos meses en la ciudad de Córdoba. Las organizaciones sociales denuncian siete y la justicia investiga seis, sólo de este último año. El reciente caso del Gueré, asesinado por la Policía en el barrio Los Cortaderos, agotó con la paciencia de los vecinos de muchos barrios que denuncian este tipo de prácticas policiales como conductas habituales. El Jefe de Policía Julio César Suárez defiende el accionar de la Fuerza.

 “A mí me gusta ver novelas. En una brasilera que se llamaba El Pantanal había un niñito que era terrible de travieso. Igual que el Fernando, el chico mío que no se quedaba quieto ni un segundo. El nene de la novela se llamaba Gueré. Y un día que el Fernando andaba incordiando, le dije: “¡quedáte quieto, Gueré!”. Y todos nos reímos. Así le empezamos a decir Gueré”.

Se ríe Ana María en el cuarto vacío de Gueré, una piecita con techo de chapa y paredes celestes adornadas con un solo póster: de Winnie Pooh.

La mujer comenzó a vaciar la habitación después del 26 de julio cuando su hijo, de 18 años, fue asesinado por la Policía en barrio Los Cortaderos. Gueré era un pibe flaco y morocho, de cara redonda y orejas saltando. Con su sueldo de ladrillero –200 pesos por 8 a 10 horas de trabajo por día– se había comprado una Honda Titán roja en la que viajaba junto a su primo, Maxi Peralta, la noche en que murió. Volvían de comprar gaseosa para al fernet y pensaban celebrar el triunfo de Talleres sobre Newells por la Copa Argentina. En el camino les pasó lo peor. Se cruzaron con la Policía. Al agente Lucas Chaves y al sargento Rubén Leiva no les gustan los chicos en moto, no les gustan los chicos del barrio y no les gustan los chicos de noche. Por eso siguieron la moto del Gueré y dispararon.

Aparte de trabajar en el cortadero de ladrillos de su familia, Gueré participaba de un proyecto de extensión de la Universidad Nacional de Córdoba. Ese día, había escrito su currículum para cambiar de trabajo. Decía que cortar ladrillos era muy sacrificado. Continuar leyendo

No se entiende el menú pero la salsa abunda: consumo de alimentos

Julia Bertone, en DEODORO Septiembre, 014

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Los mucamos han ido poniendo ante cada comensal un plato y un platillo con su tazón lleno, justo hasta donde comienza la guarda de flores de oro, de sopa de tomate. En el medio flota, inmaculado, un vasto lunar de crema de leche. Rosita se extasía, adora la sopa de tomate, no hay nada que caiga mejor, qué arte tiene Lucía para organizar un menú. Las sopas no han constituido nunca un problema fundamental en mi existencia, pero de pronto advierto lo que en el fondo sé desde siempre: que hasta en las sopas existe una escala de valores. Si nos hubieran servido una sopa de fideos todo el mundo habría comentado la falta de habilidad de Lucía para componer un menú, pero tratándose de una sopa de tomates todo cambia: es la reina de las sopas, la única, salvo el consomé digna de figurar en un almuerzo de lujo; me pregunto de dónde proviene su escudo de nobleza.

Silvina Bullrich, Los burgueses (1964)

Desde que la saciedad del hambre es acompañada por el antojo, y entra en juego el placer y el gusto de lo que saboreamos, nace el juicio de valor sobre aquello que se lleva a la boca. Por eso el deseo alimentario se corresponde con un ideal estético, a todos se nos hace “agua la boca”, pero no por lo mismo. Así, los alimentos que consumimos no sólo satisfacen nuestras necesidades nutricionales, sino que también comunican, hablan de nosotros.

En gastronomía, como en otros campos de la cultura, el gusto es una apreciación que se sustenta en un conjunto de normas y reglas que marcan y definen la aceptación o rechazo de unos elementos determinados. Pues como acontece con la apropiación de todo bien, mediante aquello que comemos y bebemos, y según las formas en las cuales lo hacemos, damos cuenta de nuestras pertenencias culturales, de los valores a los cuales adherimos y de los grupos sociales con los cuales nos identificamos; y al mismo tiempo, expresamos todo aquello que rechazamos y de lo cual buscamos diferenciarnos.

Estar-en-el mundo social involucra la rigidez o flexibilidad corporal del sabor. El mundo es percibido y relatado desde el cómo “sabe” o cómo “gusta”. Las personas narramos y disponemos nuestras vidas como desabridas, picantes, dulces, amargas; por tanto, el sabor es un elemento central para soportar y hacer la vida. Continuar leyendo

Haciendo números: datos destacados

Martín Aguaisol, en DEODORO de Septiembre, 014

Presentamos desde Deodoro algunos datos destacados de la Encuesta Nacional de Consumos Culturales y Entorno Digital del año 2013. Esta es una iniciativa de la Secretaría de Cultura de la Nación, llevada adelante por el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA).

La lectura de datos estadísticos permite dar sustento y materia prima a las lecturas posteriores sobre las motivaciones culturales de los argentinos y los hábitos de consumo predominantes.

El trabajo indagó sobre los gustos y consumos culturales de una población de personas mayores de 12 años, residentes en localidades de más de 30.000 habitantes de todo el país.

El diseño muestral contempló la estratificación según las regiones del país (AMBA, NOA, NEA, Centro, Cuyo y Patagonia) y el tamaño de la muestra fue de 3574 casos efectivos.

Aquí se presentan algunos de los datos más relevantes.

¿Qué escuchamos (y bailamos)?

Prácticamente el total de los argentinos tiene la costumbre de escuchar música. Sólo un 1% no lo hace. Los géneros más escuchados son música romántica, folclore y rock nacional. Los menos escuchados son la música clásica, el jazz y la electrónica. Se escucha un promedio de alrededor de dos horas y media diarias de música. Y, si bien casi la mitad de los argentinos descargó, aunque sea una vez, música en la web, el reproductor de CD sigue siendo el aparato más utilizado para escuchar música grabada (73%). Continuar leyendo

¿Quién quiere ser culto?

Mariano Barbieri en DEODORO Septiembre, 014

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En Argentina hay más televisores que inodoros: algunos datos son metáforas. La estadística, mal que lo nieguen, es un género literario.

La cultura es una palabra generalmente asociada al arte y –dentro del arte– al espectáculo. Como ese momento circense o pomposo que intercede como un conector entre dos o más espacios de obligaciones. Es la pausa. Como un chocolate. Distiende o eleva, según elija uno la mirada del estrés laboral o del displicente ascenso dentro del mundo de las bellas artes.

Los consumos culturales, como ningún otro consumo, representan la pertenencia y manifiestan la posesión casi exclusiva de las clases medias y altas sobre este capital. Cierto tipo de consumo cultural jerarquiza. Así, muchas de las reglas del arte responden a esta mirada y el conocimiento –de esas reglas– es, muchas veces, un mecanismo de preservación de la desigualdad.

Instantánea asociada: en un centro cultural de la segunda ciudad más importante del país, un cantor popular se niega a interpretar su repertorio si no es presentado por otra persona que, antes, hable un rato sobre él. Quisiera que armes una mesita enfrente del escenario para un grupo de periodistas –sugiere después–. Fijate que esté linda, que no les falte nada. Las personas que trabajan en el lugar dejan todo en condiciones. Los periodistas no van a pagar por su comida. Continuar leyendo

“La canción es una herramienta fundamental porque genera realidades”

Por Gonzalo Puig, en DEODORO de Agosto, 014

José Luis Aguirre, labrador de canciones. Breves conversaciones con quien es tal vez una de las figuras más deslumbrantes de la nueva canción argentina.

Fotografía de Carolina Herrán

La más reciente película de los aclamados hermanos Coen, “Inside Llewyn Davis”, cuenta la historia de un joven músico folk que acompañado por su guitarra, intenta hacerse un espacio en la escena musical neoyorquina de comienzos de los 60. Ahí se enfrenta a una serie de obstáculos aparentemente insuperables, algunos creados por él mismo. La historia tiene esa cosa épica hollywoodense, pero con cierta mirada derrotista: el muchacho no logra su deseada fama, pero además se autoboicotea cada vez que tiene una buena oportunidad. Busca ser genuino y no lo logra, y por más que la fuerce, la suerte nunca aparece en su vida. Llewyn Davis es tan oscuro como sus canciones.

En las antípodas de este cantautor está nuestro José Luis Aguirre. También con la guitarra en la mano adonde quiera que va, el transerrano se hace notar y se distingue; porque la luz que derrocha Aguirre a través de sus ojos y su cálida sonrisa –casi permanente y sello de personalidad– movilizan todo lo que está a su alrededor. Pero además de eso, José, tiene muy en claro a donde quiere ir y su concepción sobre el éxito tiene muy poco que ver con la fama que busca el personaje de la película. Aguirre es feliz y exitoso en cada escenario, patio de tierra, estudio de radio o juntada matera donde pueda poner en juego sus canciones. Así, con esa luz, la suerte le sonríe.

Su último disco “Gajito i´luna” de 2013 fue aclamado por el público y por la prensa. Una hermosa obra donde las canciones nos conectan con imágenes y paisajes serranos, tranquilos y soleados. Y en este segundo disco solista de Aguirre tuvo mucho que ver eso de forzar la suerte, de hacer el propio destino, pero de forma espontánea: “Este disco ha sido muy particular, porque vino en un momento donde no estaba preparando un disco. Siempre ando como desbolado con mis canciones y de pronto apareció un concurso de la municipalidad. Me presenté con una maqueta, cuando en realidad el concurso era para un disco ya listo para salir. Yo grabé lo mío en 2 días, me tiré un lance y salió. Y ahí me metí en un brollo terrible. Porque en un mes tenía que estar todo listo, y yo solo tenía una maqueta, un demo. Y me puse a grabar, a hacer los arreglos y no tenía quién me hiciera la gráfica porque ya era diciembre de 2012. Y me puse a dibujar. Hice todo… y me quemé el bocho. Entonces fue como mucho laburo condensado en un momento. Un mes antes no tenía ni idea que iba a hacer un disco. Fue un aprendizaje muy grande… y encima el disco se agotó rápidamente y tuve que reeditar”, cuenta José Luis mientras abraza su guitarra. Continuar leyendo

“Ese hombre” (Crónica Policial)

Por Laura Dominique Pilleri, en DEODORO Agosto 014

Hay prisiones invisibles que marcan la rutina diaria en nuestro devenir cotidiano enmarcado por la vulnerabilidad económica de un país y seguimos el camino que se puede. Esta es, de manera “fantástica” otra prisión basada en un personaje real, las celdas y las carencias no son invisibles. 

En la pequeña ventanilla de los paquetes, a las 7:00 hs.   De  un   domingo  nublado  y  caluroso,  ya   se  han reunido, dibujando una hilera, unos treinta o treinta y cinco familiares aproximadamente con sus respectivas bolsas-red cargadas de alimentos, material de trabajo, cigarrillos y documento de identidad.

En uno de los faros más altos del presidio, se alcanza a ver un guarda de cabellos rojizos demasiado ocupado en peinar sus bigotes con ambas manos, bigotes que, por lo que pude visualizar, necesitaron meses de dedicación para crecer prolijamente.

Los que trabajan en la parte exterior de la cárcel, entregando los números y llamando por razones de aglomeramiento a  la gente de  diez  en  diez,  desempeñan muy bien su doble tarea, ya que además controlan con mirada fija toda entrepierna, no vaya a ser que alguna mujer introduzca a través de ese sector, objetos prohibidos; por lo demás, pueden estar escapando algunos presos, pero bueno, no se puede estar en todos lados.

Durante la semana suceden infinidades de cosas del otro lado de esos altos paredones.

Como no se puede salir de compras, los presos en los recreos, se intercambian, por ejemplo; media docena de pastelitos por un reloj pulsera bañado en oro, una campera de cuero negra por el trabajo de enmarcar un afiche de Xuxa o un calentador a kerosene por unos buenos zapatos para presentarse en la corte cuando llegue el día. Continuar leyendo

El policial cordobés

Guillermo Vazquez, en DEODORO Agosto 014

Es sabido que, a comienzos de los noventa, un profesor de la UBA, Oscar Landi, en una materia vinculada a la teoría política, daba como lectura novelas y relatos del policial negro. Había una nueva institucionalidad, un esquema de vínculos complejos entre poderes políticos, económicos y una sociedad que comenzaba su mediatización más intensa, que no podía –según Landi– comprenderse con, por caso, Alain Touraine, o las ciencias sociales de los ochenta, o la microfísica de Foucault. Eran Hammett, Chandler, Ross MacDonald y otros (Walsh, pongamos) a quienes había que apelar para entender lo que pasaba, la opacidad del momento y el nuevo modus operandi de sus actores.

Más allá de la posible inscripción de la ocurrencia de Landi en una larga trayectoria teórica –de Gramsci a Deleuze– que vincula al policial negro como uno de los mejores compendios de síntomas del capitalismo avanzado (y no con un género “menor” o “masivo”, tomándose peyorativamente estas palabras), lo que es interesante en esta operación, es un señalamiento de Landi para las Ciencias Sociales de entonces. Como si hubiesen perdido cierto rumbo, incluso al interior de sus propias casas de estudios, y dejaran de tener cualquier efectividad. La radicalidad de Landi en eso, la “superación” que produce, consiste ya no en preguntarse (y sugerir su respuesta: en el policial negro, antes que en las ciencias sociales) con qué lenguaje debería hablar un profesor en la tele ante la interpelación del conductor, en una presentación de alguna película del grupo Cine Liberación en un barrio (pongamos, Alberdi o Los Granados), o en una mesa en un sindicato –pregunta por la forma del “compromiso del intelectual”, tan sostenida desde mediados del siglo pasado. Casi como si ésta fuera una derrota un poco admitida, o acaso mucho más complicada que lo que alguien pudiera resolver en una cátedra, Landi habla casi desde su propia dignidad, del principio de todo lo otro: primero, que estos textos nos convenzan a nosotros, nos interpelen a quienes esto leemos en relación a una posible comprensión de lo que ocurre. Continuar leyendo