Sentido, entendimiento y razón

La cantante venezolana Cecilia Todd regresa a Córdoba para presentar sus canciones. El viernes 7 de agosto actuará en la Sala de las Américas. Alguna vez llegó para revelarnos los innumerables encantos de la música venezolana. Desde entonces, nunca más se fue.

Por Santiago Giordano (Periodista)

Su voz y su manera de cantar perduraron entre nosotros sencillamente porque esas canciones con “sentido, entendimiento y razón” que traía, se quedaron asentadas en esa forma de memoria inmediata y colectiva que es el cancionero cotidiano. Y también porque ella, Cecilia Todd, siempre está volviendo, llegando continuamente para incitar esa memoria, con esos encantos lanzados desde su voz y su cuatro hacia un repertorio de perlas populares.

Y así será para una de las voces más cálidas y profundas del continente, que el viernes 7 de agosto actuará nuevamente en Córdoba, en la Sala de las Américas de la Ciudad Universitaria. Con ella estará el pianista Matías Martino, músico versátil, formado a la vera de maestros como Hilda Herrera.

Con sencillez y delicadeza, en el repertorio de Todd se conjuga la riqueza infinita de la tradición musical venezolana y sus bellezas. Distancias, ritmos, paisajes y palabras se traducen en variedades de merengues, polos margariteños, golpes larenses, décimas y danzas zulianas o joropos de los cuatro puntos cardinales, salidos de la tradición popular o producto de la inspiración de creadores como Simón Díaz, Otilio Galíndez o Henry Martínez.

Ese patrimonio amasado por el tiempo y su paciencia es asumido y cultivado por Todd con particular sensibilidad artística, pero también con una actitud que en su convicción tiene que ver con la militancia. “Respetar las esencias de nuestra música es una actitud política y yo soy militante en la preservación de las particularidades de los géneros, porque ahí está nuestra riqueza”, asegura la cantante que hace más de cuatro décadas publicaba entre nosotros Pajarillo verde, un disco que resultó fundamental para animar el oído latinoamericano de los argentinos. “Fíjate que no es casual que la maquinaria del consumo se ocupe fundamentalmente de aplanar todo, de relativizar el caudal de la variedad. ‘Hacer folclore es una posición frente a la vida’, le escuché decir una vez a Yupanqui. ¡Y cuánta razón tiene! Ese pensamiento me guía y tiene que ver con lo que hago y la manera en que lo hago. En la actualidad, pensar de esa manera es ir contra la corriente, contra la maquinaria comercial y la superficialidad de lo pasajero. Es un gran desafío hacer folclore en la actualidad. El folclore es acción y son estas las circunstancias en las que lo más importante es lo que tú haces, no sólo lo que piensas o lo que dices. En definitiva, lo más importante es cantar lo que cantamos”.

La importancia de las raíces no pasan por una moda…

Siempre fue importante, y en estos tiempos lo es mucho más, cultivar nuestras raíces. Es la única manera de no perder la esencia, nuestra personalidad, lo que nos identifica en el diálogo con otros. Y esa es una batalla muy dura y despareja. La música comercial no tiene patria, está sostenida por una maquinaria avasallante que arrasa con todas las características regionales y eso nos priva de muchísimas cosas. Por eso es necesario insistir sobre la idea de que es importante que cada uno conozca sus raíces, las cultive, las conserve. Y las proyecte también, claro, sin perder la esencia. Los cubanos continuamente nos están dando una gran lección: uno escucha su música y enseguida se da cuenta de que es cubana. A eso me refiero con conservar la esencia.

¿Conservar la esencia no sugiere el riesgo de un estancamiento?

Para nada. En los rasgos folclóricos hay una gran posibilidad de variedad y eso no envejece. Tengo la gran ventaja de poder tocar con distintas formaciones instrumentales y ese dinamismo me mantiene fresca. En Venezuela tengo mi grupo, con cuatro, bandola, mandolino, instrumentos muy característicos. Aquí me acompaña el piano y yo misma toco el cuatro, que es el rasgo indispensable de lo que canto.

¿Cuándo comenzaste a tocar el cuatro?

Desde muy niña ya andaba por los rincones de la casa con mi instrumento. Tengo una relación con el cuatro desde que empecé a cantar y se me hace difícil pensarme sin él. Puedo cambiar de acompañamiento, como a menudo hago, pero el cuatro tiene que estar. Es fundamental: el 99 por ciento de la música venezolana necesita el cuatro.

En 2013, el cuatro fue declarado Patrimonio de Venezuela; por eso aquel fue también “El año del cuatro”, una iniciativa que se coronó con numerosas actividades en torno a un instrumento fundamental para la identidad sonora del país; la iniciativa tuvo continuidad en 2014 con la declaración de “El año del joropo”, del mismo modo que este es “El año de la mandola”, otro instrumento cardinal de la tradición musical venezolana.

¿Qué impacto tuvieron estas iniciativas en la actualidad artística y cultural de Venezuela?

En el momento que logremos que el cuatro sea materia obligatoria desde que los niños entren a la escuela, podremos hablar de una iniciativa exitosa. Tiene que empezar por ahí el acercamiento, no solo a nuestra música, sino también a un sentido de pertenencia del cual carecemos. Sin lugar a dudas ha habido avances importantes. Todas las actividades realizadas en el año del cuatro y de la bandola fueron muy bien acogidas, hubo una participación masiva, pero todavía nos queda mucho trabajo por delante. La difusión de la música chatarra es avasallante y no deja lugar para alternativas. Sabemos que el negocio de la música produce mucho dinero, que está sostenido por una estructura inmensa, pero no podemos renunciar a crear nuestros espacios. Tenemos que sembrar conciencia y no permitir que nuestras culturas se diluyan. No estoy hablando de un problema que padece únicamente Venezuela; estoy hablando de una situación global. La mayoría de los medios de comunicación en el mundo difunden basura. Una basura que en su uniformidad nos separa como continente.

¿De qué manera?

Alejándonos unos de otros en lo cultural. Conocemos muy poco lo que pasa en nuestros países vecinos. Es necesario profundizar la relación cultural entre nuestros países, lograr una conexión cultural estrecha entre toda Latinoamérica. En Venezuela no se sabe qué es una chacarera, de México conocemos sólo los mariachis, de Colombia la cumbia comercial. Y algo parecido pasa en cada país de Latinoamérica. Tendríamos que usar mecanismos como la Unasur, la Celac, para unirnos culturalmente también, no sólo a nivel económico o tecnológico.

La basura a la que hacés referencia va más allá de la música…

Claro y creo que tiene que ver con una forma de comunicar. La gran mayoría de los programas de televisión son realmente vergonzosos, en el contenido y en la forma. Podríamos en cambio utilizar esos mismos medios para difundir nuestras tradiciones, nuestra historia, nuestra identidad. Me parece genial eso que han hecho en Argentina, de enseñarles la historia argentina a los niños a través de dibujos animados. Ese es un ejemplo a seguir.

Últimamente, Todd grabó en Cuba con Liuba María Hevia, a quien considera una de las cantantes y compositoras más importantes de las nuevas generaciones en Latinoamérica. “Con Liuba hicimos dos discos –comenta–. En uno yo canto sus canciones, acompañada por músicos cubanos; en el otro ella canta las canciones de mi repertorio, acompañada por músicos venezolanos. En este momento se están terminando las mezclas y en realidad no queremos apurarnos, sino más bien cuidar con celo cada detalle. En la mezcla es necesario poner el mismo amor que pusimos en los momentos de la grabación. Estimo que para octubre o noviembre ya deben estar editados”.

Cualquier conversación con Cecilia Todd está inevitablemente atravesada por la situación de Venezuela, su país, el que canta, vive y sueña. “El nuestro es un país que vive en guerra”, sostiene Todd. “Vivimos continuamente agresiones y sabotajes económicos –continúa–. Hay una oposición que sistemáticamente saca bienes vitales del mercado para desgastarnos la paciencia, para crear especulación y para desestabilizar a un gobierno elegido por el pueblo. Desde Chávez hasta aquí muchas cosas cambiaron en Venezuela y es necesario defender esas conquistas. A pesar de la situación crítica que estamos viviendo a raíz de esta guerra económica despiadada y el continuo saboteo la actividad cultural sigue. Últimamente tuvimos nuevas ediciones de la Feria del libro y del Festival de teatro de Caracas. Ahora vienen además la Feria del libro de Caracas, el Festival de cine, la Feria Internacional de Música de Venezuela, el FIMVEN, que tendrá lugar entre el 7 y 11 de octubre; también habrá numerosos encuentros de intelectuales y artistas, además del festival de poesía. En fin, hay mucho movimiento cultural. Y así vamos resistiendo.

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