El surfeador de sueños

El surfeador de sueños

Luciano Lamberti

Escritor

1. La noticia comenzó a conocerse a partir del 2006. En enero de ese año, un conocido psiquiatra de Nueva York atendió a una paciente que había soñado repetidamente con un hombre al que nunca había visto en la vigilia. En la consulta, la mujer lo dibujó: era morocho, delgado, pequeño, con una incipiente calvicie, de ojos penetrantes enmarcados en gruesas cejas. Al irse, la mujer dejó olvidado el dibujo, que encontró otro paciente al día siguiente. Para sorpresa del psiquiatra, éste también afirmó haber soñado repetidas veces con ese hombre. El psiquiatra les mandó el dibujo a varios colegas en distintas partes de Estados Unidos, y entonces comenzó la locura. Miles de personas, desperdigadas por lugares como Los Ángeles, Berlín, Sao Paulo, Teherán, Beijing, Roma, Barcelona, París, Nueva Dehli o Moscú habían soñado con ese hombre. Hay una página donde puede leerse su historia (www.thisman.org) y verse los identikits que se hicieron alrededor del mundo.

2. También hay, en la página, teorías que intentan explicar el fenómeno. La más fantasiosa e interesante habla de un “dreamsurfer”, un surfeador de sueños, alguien con la capacidad de navegar la mente de las personas. Otra dice que el hombre misterioso es, en realidad, Dios.

3. Borges: En los sueños uno es no solo el escritor sino también el protagonista y el espectador de sus propias historias.

4. Conozco una mujer en San Francisco que vive de anotar sus sueños y de jugarlos a la quiniela. No acierta siempre, por supuesto, pero cuando lo hace puede pasar holgadamente un mes dedicándose a soñar.

5. En su maravillosa tesis de grado, La Interpretación de los sueños, Freud describe uno de los sueños más terroríficos que oí en mi vida. Un hombre está velando a su hijo, que es un niño. Sentado en una silla, se duerme y sueña que su hijo viene caminando hacia él con el cuerpo envuelto en llamas. Papá, le dice, me estoy quemando. El hombre despierta y nota que una de las velas de los candelabros que rodean el féretro se ha caído sobre su hijo y lo ha prendido fuego.

6. Lean La interpretación de los sueños. Háganlo este verano. Es un libro para leer al costado de un río, de una montaña, del mar, de una pileta. Un libro de una prosa amigable, intensa y tan elegante como puede serlo el siglo XIX. Ahí se nos dice que el sueño típico de la desnudez, en el que uno está, por ejemplo, en mitad de una clase de Semiótica y nota que no se ha puesto ninguna ropa, representa el impulso nudista que todos tenemos en la infancia, reprimido después por la cultura. Lean a Freud como literatura fantástica, porque en el fondo lo es.

7. Coleridge plantea la posibilidad de que un hombre sueñe con el Paraíso y reciba en el sueño una flor amarilla y al despertar tenga esa flor entre sus manos.

8. Otra leyenda urbana: la noche antes de que cayera la bomba en Hiroshima y Nagasaki, muchos de los habitantes de esa ciudad soñaron con el hecho, siempre ligeramente velado pero tan sugestivo que nos hace acomodarnos el nudo de una corbata imaginaria, carraspear, preguntarnos en qué mundo vivimos en el fondo. Uno soñó con una nube negra que oscurecía la ciudad. Otro, con un gran ojo que se abría en mitad del cielo. Un tercero con un gigante que aplastaba las casas con sus pies. Un cuarto con que Dios bajaba del cielo y arrasaba con su gigantesca espada los puentes y los edificios y las ligeras casas de bambú de la costa. Etcétera.

9. Mary Shelley soñó con Frankenstein: “Vi, con los ojos cerrados pero con una nítida imagen mental, al pálido estudiante de artes impías, de rodillas junto al objeto que había armado. Vi al horrible fantasma de un hombre extendido y que luego, tras la obra de algún motor poderoso, éste cobraba vida, y se ponía de pie con un movimiento tenso y poco natural”.

10. En realidad, this man, la página y la historia del hombre que se repite de sueño en sueño fue una farsa. Una estrategia publicitaria elaborada por el dueño de una agencia que se llama Andrea Natella. Este quería probar, mediante un experimento social, que la creación de eventos ficticios era una forma muy fuerte de publicidad. Ahí se acabaría el misterio. Terminarían los interrogantes. Se resolvería el caso. Pero una última vuelta de tuerca dice que en realidad la campaña de Natella le fue dictada mentalmente por un psíquico muy poderoso, lo que volvería a llevar el caso a las puertas de lo paranormal y de lo interesante.

10. Más que recurrentes, yo sueño siempre con la misma historia. Una historia larguísima. Probablemente no termine nunca, o termine con mi muerte. La historia transcurre en una casa gigantesca, una casa en la que nunca estuve y que revela, como suele pasar en los sueños, más y más habitaciones al tiempo que la recorro. Encuentro una nueva puerta que da a un galpón de techos altísimos, que da a una puerta en el piso, que da a un pasillo que se hunde en la oscuridad, que da a otras inextricables redes de puertas y pasillos y galpones y habitaciones, algunas familiares, algunas que he visto y que están idénticas o ligeramente cambiadas, otras absolutamente desconocidas, pero tan reales que me tengo la seguridad de que existen en alguna parte del mundo. No hay nada afuera de esa casa, o nunca pude averiguar lo que había, porque las puertas que me llevarían al exterior me llevan a otros pasillos y habitaciones y las ventanas que me permitirían verlo están demasiado altas o son demasiado pequeñas o aparecen indefectiblemente cubiertas de pintura o papeles de diario. En ese paisaje, alguien me persigue. No sé quién es, no sé cómo es o si siquiera es humano, porque nunca tuve los huevos suficientes para darme vuelta y enfrentarlo, lo que me enloquecería de inmediato por el terror. Sospecho que el secreto de mi vida está ahí, y que nunca voy a saberlo y que es mejor así.

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