En memoria de Alberto Burnichon

El próximo 25 de marzo será el primer Día del Editor de Libros en nuestra provincia. Lo legitimó la Legislatura de la Provincia de Córdoba y se suma al reconocimiento que se viene realizando ininterrumpidamente desde 1997 en el marco de la Feria del Libro de Córdoba, donde se entrega anualmente el Premio Alberto Burnichon al libro mejor editado en Córdoba.

Iván Burnichon

Nació el 14 de febrero de 1918 en Tigre, provincia de Buenos Aires. Su trágica muerte fue producto del terrorismo de Estado. El 24 de marzo de 1976, la vivienda que ocupaban en Villa Rivera Indarte, Córdoba, fue tomada por asalto por varios hombres de uniforme identificados como del Ejército. La vivienda fue saqueada e incendiada. Alberto Burnichon, su esposa María Saleme, dos de sus hijos, su nuera y dos nietos se encontraban en la vivienda. Burnichon y su hijo David fueron secuestrados, David apareció con vida dos días después. Luego el cuerpo sin vida de Alberto, fue hallado en la localidad de Mendiolaza, con siete heridas de bala en la garganta.

El oficio

Burnichon, abrazó con fuerza el oficio de editar. El catálogo de obra publicada puede dividirse en narrativa, plaquetas y cuadernillos de poesía y plaquetas y cuadernillos de dibujo. Da cuenta de la magnitud de su tarea de rescate, el hecho de que –entre otros– con él publicaron trabajos –en algunos casos para dejar de ser autores inéditos– escritores como Manuel J. Castilla, Daniel Moyano, Alfredo Veiravé, Enrique Wernicke, Jacobo Regen, Miguel Ángel Pérez, Armando Tejada Gómez, y artistas plásticos como Carlos Alonso, Cristóbal Reynoso (Crist), Remo Bianchedi, Luis Saavedra, Roberto Fontanarrosa, Hermenegildo Sabat o Antonio Seguí.

La reconstrucción de este catálogo se concretó en 1996, con motivo de la Muestra Homenaje que se realizó en aquella edición de la Feria del Libro Córdoba. Este trabajo, de sustancial importancia documental, fue realizado por la familia y amigos del editor, quienes junto al poeta Aldo Parfeniuk (uno de los impulsores de la iniciativa) reunieron los ejemplares publicados por Burnichon en diferentes sitios y locaciones del país.

Con relación a las ediciones, el escritor Antonio Oviedo subrayó: “El sentido no fue otro que el de sostener un trabajo incansable con el libro, con las vicisitudes que el libro demanda a quien se ocupa de cuidar una edición”. Oviedo recordó que las ediciones de Burnichon comenzaron en el año 1957, y detalla los títulos: “Claridad vencida de Juan José Hernández; De solo estar y El cielo lejos de Manuel J. Castilla; Homenajes de sus amigos de Juan Pedro Ramos; y Exhortaciones de Ezequiel Martínez Estrada (con ilustración de Carlos Alonso)”.

El hombre

Al hablar de él, lo recuerdan como un personaje entrañable, que llevaba un portafolio cargado de libros y encendía diálogos en las redacciones de diarios, librerías y bares. Lugares que visitaba con frecuencia. Más allá de eso, hacía largos viajes al interior provincial y a otras provincias en busca de autores inéditos. Conduciendo su Citroneta, desempolvó la quietud de los caminos del interior sin prisa ni pausa.

Es recordado como un hombre que hizo un culto de la amistad. María Saleme dijo alguna vez que su esposo era “un excelente buceador y un amigo que ofreció su amistad sin reclamar el vuelto”. Por su lado, Eduardo Galeano expresó: “Hizo lo que hizo, lo mucho que hizo, sin pedir a cambio ningún aplauso. Pero él simboliza, aunque no lo haya querido, aunque no lo quisiera, a lo más entrañable del país que la dictadura intentó exterminar: el país profundo, hecho de tierras y de gentes fecundas en fraternidades y hermosuras”. Agrega Galeano “De Burnichon aprendí la humildad, la sabiduría que el pudor oculta, la cordialidad, el abrazo de verdad y el mejor brindis que he escuchado jamás y que habitualmente uso invocando la fuente: ¡por el pretexto!”.

Por su parte, un incansable divulgador de la vida y obra de Alberto Burnichon, el poeta e investigador Aldo Parfeniuk dice, “Burnichon debe ser ponderado como uno de esos imprescindibles constructores y sostenedores de un espacio semio/amiótico fuera del cual (y a esto bien lo sabían quienes lo eligieron como blanco de efecto multiplicador) no puede haber circulación, sino tampoco vida y acción simbólicas, es decir artística y cultural”.

En su día

Alberto Burnichon ofrendó su vida a la noble labor de la edición de libros y fue un importante actor del entretejido social y cultural de una época. Un aporte más a la necesaria tarea de mantener viva la memoria, es la institución del Día del Editor de Libros. Dicho proyecto, que contó con el apoyo de numerosas personalidades de la literatura, las artes plásticas y de la cultura en general, fue impulsado por Aldo Parfeniuk, Sergio Martina e Iván Burnichon (nieto del editor) y fue presentado en Cámara para su posterior tratamiento y aprobación por la legisladora Alejandra del Boca.

Un acto de reparadora justicia que pretende rescatar de un injusto olvido y doloroso silencio al editor.

*Fotografía de Anatole Saderman

3 comentarios

    • Antonio en 20 marzo, 2015 a las 20:25
    • Responder

    Merecidísimo reconocimiento! Felicitaciones.

  1. Vamos todos el viernes 25 a la Biblioteca Córdoba. 19:30hs.

    • Norma Cañizares en 21 julio, 2018 a las 13:11
    • Responder

    ¡Luna acerada refugio de la palabra navega la historia, su historia la nuestra!
    ¡¡¡¡¡Felicitaciones y éxitos!!!!!

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