Tres preguntas al historiador Pablo Pozzi

  1. ¿Cuáles cree que son algunos ejes de disputa historiográfica sobre los acontecimientos de mayo de 1969? ¿Qué dificultades y fortalezas le adscribe a esas mismas interpretaciones?

–El Cordobazo ha generado, casi de inmediato, toda una industria de libros que abarcan desde enfoques sociológicos e históricos como el de Francisco Delich, pasando por lo testimonial como Jorge Canelles o Elpidio Torres, hasta lo político como un libro de Nahuel Moreno. En cuanto a lo historiográfico, los distintos enfoques en torno a sus causas, pueden reducirse a cuatro. Para Daniel James el Cordobazo fue producto de una “ola de protestas obreras” que se relacionaron con factores estructurales. Este enfoque tenía la ventaja de considerarlo como producto de una multiplicidad de factores, y la desventaja que incluía todo y por ende explicaba poco. La propuesta de James Brennan que lo planteó como producto de una crisis de las industrias locales combinada con las rivalidades de poder entre gremialistas de Córdoba y de Buenos Aires. Esto pone énfasis en las relaciones de producción en el punto de trabajo, e indaga en por qué estos obreros se movilizaron con estas características. Pero tiene el problema de que pone el acento en la particularidad cordobesa y por ende no toma en cuenta que el Cordobazo fue parte de una importante cantidad de “azos”. Esta crítica la señaló Nicolás Iñigo Carrera, cuyo planteo es que el Cordobazo fue “otra estrategia de la clase obrera”. Esto resulta un poco esquemático ya que genera una imagen de obreros recurriendo a opciones externas, pero tiene el acierto de destacar las nuevas prácticas que surgen de la experiencia previa. Por último, Mónica Gordillo pone énfasis en “una fuerte cultura de oposición y resistencia” que genera las condiciones para el Cordobazo, y lo ubica como parte de un proceso acontecido “en el resto del país y el mundo”. Esto representa un avance importante por cuanto al recurrir a la cultura obrera pretende explicar los comportamientos individuales y colectivos en un contexto más general. Pero es difícil coincidir con el concepto de “resistencia y oposición” porque pone el acento en lo reactivo y el Cordobazo tuvo un importante contenido político propositivo. Gordillo es la que más ha trabajado este tema, lo cual no quiere decir que uno no pueda discrepar de sus ideas. Quizás uno de los aspectos más interesantes de su propuesta es que hay que “darle una perspectiva histórica” en contraposición a las discusiones más sociológicas o políticas.

El Cordobazo marcó un hito en la historia de la clase obrera argentina. Una parte de esa discusión es de índole académica. La valoración y las conclusiones tienen importancia para la caracterización global de la clase obrera argentina y su potencial revolucionario. En términos generales, coincido con Beba Balvé al plantear que el Cordobazo ocurre en “el eslabón débil del capitalismo argentino: lo suficientemente débil como para recibir con mayor crudeza y profundidad las crisis que afectan al país, y lo suficientemente fuerte como para poder reaccionar.”[1] Aunque esquemática, esta caracterización implica una nueva etapa en las formas de lucha de la clase obrera argentina con el recurso a la violencia por parte de las masas y por el planteo del socialismo como una alternativa viable de poder popular y significa que ha realizado una experiencia que se sintetizó en un salto en la conciencia.

 

  1. ¿Sobre qué aspectos deberían avanzar más –por estar inexplorados o errados– las investigaciones, textos y lecturas del Cordobazo?

–Cada uno de los anteriores abre toda una línea de investigación importantísima y que debería ser profundizada. Gordillo ofrece una perspectiva interesante. ¿Cómo puede ser que una provincia tan católica y conservadora como Córdoba produjo un hecho de relevancia nacional como el Cordobazo? Quizás se fue forjando una cultura obrera que posibilitó este hecho. Esto permitiría explicar cómo surgen figuras como Agustín Tosco o Gregorio Flores, o fenómenos sociales como el clasismo.

La historia cordobesa contiene cosas interesantísimas. En la década de 1930, la Federación Obrera Local, liderada por comunistas, socialistas y anarquistas, organizó 68 sindicatos locales en 28 localidades tales como Hernando, Alejandro Cabrera, La Carlota, Adelia María y Elena. El Partido Comunista organizó numerosas “Asociaciones Comunistas Femeninas” en pueblos rurales. El archivo del dirigente riocuartense de la construcción Víctor Barrios revela el trabajo realizado por los activistas sindicales de izquierda en el interior cordobés. Sólo la imaginación puede dar cuenta del significado de organizar centros femeninos comunistas entre las obreras y esposas de los peones rurales de localidades como Alejandro Cabrera.[2] En San Francisco el principal partido era el Comité Popular de Defensa Comunal (CPDC), dirigido por Serafín Trigueros de Godoy[3]. Este partido, contaba con una amplia base obrera y popular y adhería al espectro político de la izquierda antiestalinista, reivindicando una política económica basada en el radicalismo agrario georgiano. En marzo de 1928 en Villa Huidobro, el Bloque Obrero y Campesino, organizado por los comunistas, triunfó en las elecciones municipales llevando como candidato al independiente José Olmedo, obrero rural y secretario general del Sindicato de Oficios Varios.[4] Treinta años más tarde, el Partido Comunista ganó la intendencia de Brinkmann por 753 votos contra 699 de la UCRP y 409 de la UCRI y tenía 250 afiliados, o sea casi el 10% de la población y cerca del 14% de los votantes.

Un análisis de la procedencia de la militancia “setentista” demuestra que muchos de estos eran oriundos de esos mismos pueblos chicos. Lugares como Cruz del Eje, Río Cuarto, Morteros y San Francisco tuvieron una cantidad importante de sus hijos militando en el PRT-ERP. En Río Cuarto, los comunistas tuvieron una temprana organización. Villa María fue una ciudad donde el PCA logró organizarse tempranamente y donde nació José “Pancho” Aricó. Esta contradicción entre una fuerte tradición conservadora en lo social y católica ortodoxa en lo cultural y una cantidad de datos que parecerían implicar la existencia de una cultura izquierdista subterránea a través de décadas, a su vez sugiere un replanteo en torno a la valoración de las expresiones político-culturales de las ciudades chicas y los pueblos del interior de la Argentina que contribuiría a explicar la persistencia de una conflictividad clasista notable y la generación de fenómenos como el Cordobazo.

  1. ¿Cómo cree que el Cordobazo va a quedar en la memoria colectiva cordobesa y nacional? ¿Es posible que haya una lectura determinante y hegemónica? ¿Cuáles serían las consecuencias de esa lectura?

–Existe una fuerte y subterránea disputa sobre toda la historia argentina, y en particular sobre la del período 1966-1976. Donde sí existe una visión hegemónica es en el plano político. Esto es sumamente peligroso por cuanto la idealización y deshumanización de los protagonistas de la historia tienden a fomentar la pasividad en la población. Si solo gente excepcional hizo el Cordobazo, en circunstancias excepcionales, ¿cómo podemos hoy hacer nada cuando somos seres humanos comunes con problemas y limitaciones? El Cordobazo lo hicieron trabajadores y estudiantes comunes, con sus miserias y heroísmos, que en un momento determinado pudieron marcar el devenir histórico de la Argentina. Eso siempre puede repetirse aunque nunca de la misma forma ni de la misma manera. El Cordobazo es parte de la experiencia y de la memoria de los trabajadores argentinos y como tal no se pierde, sino que se recurre a ello según sus necesidades. Son los propios trabajadores, a pesar de lo que digamos los historiadores, los que forjan la “tradición” y las “lecciones” del Cordobazo.

[1] Beba Balvé et alia. Lucha de calles, lucha de clases. Elementos para su análisis (Córdoba 1971-1969). Buenos Aires: Ediciones La Rosa Blindada, 1973, pág. 158.

[2] Véase Mariana Mastrángelo. Rojos en la Córdoba obrera 1930-1943. Buenos Aires: Editorial Imago Mundi, 2011.

[3] Un interesante trabajo sobre el triguerismo es el de Roberto Ferrero. Sabattini y la decadencia del yrigoyenismo. Buenos Aires: Ediciones de Mar Dulce, 1981. Y también Trigueros y su época. El populismo de izquierda en San Francisco. Córdoba: 2011.

[4] Véase la interesantísima obra de Flavia Danielle. Historia de un partido obrero comunista del interior de Córdoba, 1925-1928. Córdoba, Tinta Libre, 2011.

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