CARTA IMPROVISADA Y ABIERTA A ROGER KOZA

Matías Herrera Córdoba

Director de cine – Miembro de Cine El Calefón, productora de cine y tv.

No es ajena a esta publicación la discusión que desde hace ya un tiempo atraviesa el quehacer de todos aquellos vinculados al cine en Córdoba. ¿Hay un cine que represente a nuestra ciudad? Pero antes de ello, ¿de qué hablamos cuando hablamos de cine?

Estimado Roger Koza,

antes que nada quiero agradecer tus ganas de acompañarnos en los diez años de Cine El Calefón. No vamos a festejar el tiempo sino el trabajo, que no son más que las películas, los proyectos, los debates que hacen a lo colectivo, a la manera de hacer y pensar el cine, difícil de explicar por  la metamorfosis constante.      

En este tiempo no estuvimos solos en Córdoba, la transformación de pensar en la posibilidad de hacer cine y llegar hoy con tantos films y que se hable de un “cine cordobés” fue un gran proceso. Ya mucho se ha escrito sobre el tema, incluso respondí varias entrevistas sobre lo que a mi modo de ver no es un “movimiento” sino un “fenómeno”, y ahí están ustedes los críticos, los técnicos/artistas, los cineclubistas, la universidad, el cinematógrafo, las productoras, APAC (Asociación de Productores Audiovisuales de Córdoba) y los espectadores. Otra característica, el fenómeno no mira a Buenos Aires, tiene su propia dinámica.

Cuando se publicó la nota de Sergio Schmucler en el diario de izquierda, sentí un alivio, algo estaba siendo cuestionado en Córdoba, se lo agradecí: por fin luego de tantos años se abría un debate, el primer debate del llamado «cine cordobés». Pero por su planteo descalificador hacia los films, los festivales, los críticos, etc, la reflexión fue escasa y mucha la opinión. Me cuentan que en el último Festival de Cine de Cosquín, en la charla sobre cine cordobés pasó algo similar a la repercusión de la nota. Y me pregunto si no es que estamos necesitando un papel más activo de parte de los que ejercen las críticas. Me acuerdo lo que sucedió en la presentación del ciclo de Chantal Akerman en el Cineclub La Quimera, donde presentaste a la directora contando hasta por qué la cámara tendía a ir de izquierda a derecha. Ese gesto fue tan grandioso para quienes éramos espectadores, porque no fue explicar el film sino ayudar a mirar el cine de Chantal. Y quizás es ese gesto el que nos está faltando en las críticas de los films de Córdoba.

También me contaron que en la charla de Cosquín dijiste que “El grillo” era una película fallida, luego me llegan tus disculpas por la expresión. Igualmente me seduce la palabra, me despierta, me siento interpelado, pienso en la sintaxis «película fallida» o «fallida película». Me cuestiono, pienso en El grillo, en que no fue otra cosa que filmar eso, lo fallido. Y de allí esta carta para proponerte, parafraseando a Farocki en «desconfiar de las imágenes», que elevemos nuestro propio pensamiento hasta el nivel de las imágenes fallidas (esas que el crítico juzga, esas que el director filma), elevemos las imágenes fallidas hasta una tarea: el debate.

Lo fallido”. Filmar no es contar historias, es mucho más que eso, es entre otras cosas, encontrar las grietas que hacen que no repitamos falsas promesas, falsas ilusiones (dejemos ese espacio vicioso a la publicidad que tan bien se ocupa). Realmente creo en lo fallido, lo que se genera desde ese lugar incómodo a veces. Me cuesta detenerme en otro lugar, puede ser un poco conservador de mi parte, pero recuerdo las toneladas de papas deformes que desechan en Francia y Agnès Varda va allí, a esa montaña de papas y encuentra las que tienen forma de corazón, uno de los momentos más hermosos que me dio el cine. Y están las grietas de una pared, lo que la hace fallida ante una pared impecable, y mi observación está allí, donde aparecen las preguntas: cómo es que está esa grieta que a nadie le molesta, cómo se hizo, quién la hizo, qué materiales tiene la pared, acaso fue un temblor o la hicieron mal, etc, etc.  Esto mismo me sucede con las películas, con las personas/personajes, si no me hacen dudar en nada es porque están más cerca de la publicidad, son las películas con 0% de calorías.  Mi observación es política: sobre lo fallido no puedo más que experimentar hacia algo que seguramente también tendrá grietas y que generará otra observación.  

 De ese lugar fallido es que puedo hacer una experimentación estética política artística. Sino cómo contar Criada, Buen Pastor o el El grillo. Cómo hablar de la opresión, de la libertad, de la ausencia o de la soledad. No es un cine que el resultado es sólo una búsqueda, para nada. No creo justo que un espectador vaya a ver un film y vea un ejercicio, sería como escuchar un músico o ver un actor ensayando, que no es lo mismo que improvisando, porque para esto último hay que saber decidir jugar.   

No estoy hablando de gustos, estoy hablando de preocupaciones, de desafíos hacia y con el cine. ¿Por qué tres personas se tiran al suelo a hacer confesiones psicoanalíticas existencialistas? Quizás porque no pueden contar más que lo que sienten, porque no pueden hablar del otro y mucho menos de los otros. Para llegar acá primero vivo la experiencia, la documento, luego lo trabajo, lo proceso y quizás recién en ese momento lo filmo.  ¿Y la toma? una necesidad sin cortes, hasta que llega el momento final, que quizás no es más que una despedida anticipada en el film. Un cine que no está lleno de respuestas, un poco incómodo, pero no ajeno. Y un cine que tiene un director, pero tiene un equipo al costado, no detrás, y esto marca una diferencia no sólo en el cómo se hace sino en qué es la película.   

Al filmar vamos por aquello que sólo el cine puede transmitir: la imagen y el sonido como obra, como aquello que necesita ser interpretado, cuestionado, interpelado.

Me causa temor lo que está sucediendo con la crítica, ¿la industria de la crítica?. El hablar de todo, de los cánones, de las estrellas, el callar para ciertos films, el escribir cuando otro escribe. ¿Acaso importa más la cantidad de films que un crítico vio que lo que escribe sobre ellos? Jóvenes viejos (diría Juan José Gorasurreta) no vomiten al espectador, piensen antes de filmar un sólo fotograma (quedando en el tiempo el fotograma, pero no el sentido de la frase). Y le dice a los críticos: escriban sobre los films, no los describan. Y es que no veo otra forma Roger de que debatamos el fenómeno del cine cordobés a partir de la interpelación, y si no viene de la crítica no veo de dónde pueda surgir. Ya ves, de una palabra un pensamiento del cine que creo y el que hacemos. Saludos y gracias.

Matías Herrera Córdoba

Director de cine – Miembro de Cine El Calefón, productora de cine y tv.

Carta improvisada y abierta a Roger Koza. Los cosechadores y yo. Agnés Varda

1 comentario

    • edgyardo en 22 septiembre, 2015 a las 17:33
    • Responder

    ¿no podía escribirle un mail?

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.