Las otras lenguas del psicoanálisis: entrevista con Fabián Fajnwaks

 Fabián Fajnwaks es argentino, porteño, se fue a Francia cuando tenía 25 años, hace exactamente 25 años, en 1990 cuando alboreaba la fatídica primavera menemista. Su exilio no fue un exilio forzado, fue un autoexilio y una condena al síntoma de por vida, dice en tono jocoso. Como todo exilio su exilio fue y sigue siendo desgarrador, aunque, hice bien en irme: paradojas. La cuestión fue cambiar, y esto en un sentido profundo, porque más allá del exilio del lugar, existe el exilio de la lengua. Siempre hay una situación de desventaja frente a la lengua oficial cuando uno viene de otra lengua, hay un porcentaje de tontería, dice, te sentís como un pibe de nuevo, tenés que aprender a volver a hablar. ¿Habla de él? ¿Habla del psicoanálisis? El psicoanálisis se habló en alemán en principio, en inglés luego, en francés más recientemente y finalmente sigue hablando en español. El psicoanálisis es una lengua en constante exilio y  este es uno de sus rasgos esenciales: una lengua en desventaja, una lengua hecha de fragmentos errados de la lengua oficial; y al mismo tiempo y por defecto, una lengua de la separación.

Psicoanálisis y universidad

Una afirmación se repetirá varias veces en la conferencia de Fabián Fajnwaks en el Auditorium del Rectorado de la UNC sobre la “Subversión lacaniana sobre los estudios de género”, y en la entrevista que le realizamos: el psicoanálisis lacaniano intenta nominar desde lo que no va, de lo que no anda. Así busca entonces alojarse, extraña paradoja, en lo extranjero. En este sentido pregunta el psicoanalista Guido Coll a Fanjwaks sobre el lugar del psicoanálisis en la universidad:

 El saber ha tomado una posición casi mágica. La ciencia de hoy se parece a eso que Levi- Strauss señalaba esto hace muchos años en referencia a la posición que tenían las creencias en muchas sociedades que él llamaba primitivas. Es un pensamiento mágico ya que oculta cuáles son los significantes amo que le dan una legitimidad a ese saber.  En el psicoanálisis las cosas son distintas. Hay una diferencia de estructuras ya que el psicoanálisis intenta otra relación entre la verdad y el saber. Yo diría que el psicoanálisis es un convidado de piedra en la universidad. Por una lado por todo lo que le ha aportado el psicoanálisis a la antropología, a la sociología, a la filosofía, sobre todo desde sus últimos autores. El psicoanálisis tiene ese lugar prestigioso que le permite conservar una posición, pero está siempre con un pie fuera de la universidad. Al tener una estructura distinta al saber universitario lo paga muy caro con el riesgo de una amenaza o una exclusión; y en cierto punto es entendible. Dado que muchas universidades dependen del mercado.

Y ¿cómo era en la época de Lacan?

Era la época en la que un autor como Derrida, por ejemplo, podía criticar al psicoanálisis y al mismo tiempo favorecer la creación de un departamento de psicoanálisis en una universidad. Hoy no sucede esto, es corporativista, “cada cual defiende su bistec”.

 Fue Lacan quien dialogó con otros discursos. Por ejemplo con la filosofía. Él se llamaba un antifilósofo, es decir operaba como un punto dialéctico, como una especie de aufhebung, intentando sacar a la filosofía de sus impasses. El movimiento de diálogo con otros discursos es propio del psicoanálisis lacaniano y es fundamental para la sobrevida del psicoanálisis ese diálogo. Y esto porque el psicoanálisis no es una cosmovisión, sino que viene a plantear aquello que hace síntoma en la civilización: lo que hace síntoma en la filosofía, lo que hace síntoma en la economía, en la política. El psicoanálisis hace foco en esos puntos de real que otros discursos no pueden procesar. Lacan decía: que renuncie aquel que no pueda estar a la altura de los impasses de su civilización. Y para estar a la altura debe dialogar, intercambiar con otros discursos  que también, a su manera, se interesan en el malestar en la civilización.

Los estudios de género

Esto pasa, por ejemplo, con los estudios de género. El psicoanálisis no viene a corregir sino más bien a reconocer en los autores de género, en los autores de los estudios queer, esa búsqueda de nominaciones que pasen, que excedan, el régimen normativo del Complejo de Edipo. El psicoanálisis lacaniano no busca una adaptación del sujeto a la norma sexual, social o utilitaria. La enseñanza de Lacan señaló los impasses de todo este tipo de normas. Lo que la práctica lacaniana intenta en el uno por uno, en el cada caso de la clínica, es nominar a partir del síntoma, es decir a partir de lo que no va, de lo que falla. En esto hay un punto de encuentro con los estudios queer. Aunque también hay diferencias. El psicoanálisis no pretende generar identidades sexuales como es la intención de algunos autores queer. El psicoanálisis no cree que el sujeto pueda nombrarse a si mismo a partir del goce sexual, sino que el goce sexual tiene que ver con un vacío y de lo que se trata es de saber hacer con ese vacío. En este punto el psicoanálisis es más subversivo.

El malestar actual

Si intentáramos buscar una invariante en el psicoanálisis, el psicoanálisis nos devuelve una cachetada al sentido esperado. La invariante del psicoanálisis es aquello que no anda, pero aquello que no anda, no siempre es lo mismo. Desde el Malestar en la Cultura que Freud escribió y en donde intuyó parte del horror que sobrecogería al mundo entero en la primera mitad del siglo XX, la disfunción de la “civilización”, el malestar, ha ido mutando. De esto dice Fabián

Nada en nuestra época empuja a hablar y a escuchar lo que el sujeto tiene para decir. Es el imperio de la neurociencia y una especie de locura por la imagen. Hoy una resonancia magnética puede mostrar lo que pasa en el cerebro y esto en cortocircuito con lo que un sujeto tendría para decir. Esto unido a la generación de gadgets, es decir con los objetos que se enganchan con la forma de goce de cada uno de los sujetos refuerza eso que Lacan llama el goce del Uno solitario, un goce masturbatorio. Como goce solitario decimos también, en ausencia de palabra. El psicoanálisis por el contrario, se propone escuchar que tiene para decir el sujeto. Pero no poniendo la escucha como una estrategia comercial como la de los 0800- de los productos de mercado o incluso algunas psicoterapias que se proponen escuchar cuando en realidad quieren asumir una posición de amo frente al sujeto. Sino apuntando a lo real del sujeto. Y en esto por supuesto, también entra el cuerpo. La medicina tiende a un monitoreo permanente del cuerpo, hasta el punto de que ya se habla de una caída de la medicina de diagnóstico hacia un monitoreo permanente del cuerpo a partir de captores. El psicoanálisis ve al cuerpo como un lugar donde se inscriben formas de goce y tiende a darle la palabra al sujeto.

La palabra clave es gadgets. Mientras conversamos con Fabián la entendemos como una palabra más o menos técnica. Utilizada por Lacan o recobrada por Lacan del discurso técnico que se va imponiendo en la época. Pero aún le restan significados: Gadget fue el nombre clave de la primera bomba atómica detonada en el desierto de los Estados Unidos coronando una época que Lacan llama de agujero de la historia.

 Lacan habló en los 60 de la Shoa, dijo que ninguna filosofía hegelo-marxista podía explicar lo que fue el exterminio nazi. En ningún sentido la marcha de la historia sea en el sentido de Hegel o en el sentido de Marx permite explicar lo que aparece como un agujero en la historia. Lo dijo cuando nadie hablaba de eso. Más allá de las controversias, los únicos que habían dicho algo habían sido Heidegger y Hannah Arendt. Se referían a la fabricación industrial de cadáveres.

¿Hoy no se vive algo así?

 Hoy vivimos algo muy diferente a un campo de concentración, lo que hoy hay es una especie de servidumbre voluntaria a una forma de control social que pasa por la técnica. Todo el mundo hoy está dispuesto a que le escaneen el cerebro para ver que tiene y para ver si se puede evitar ser esquizofrénico, homosexual o lo que sea. La medicina funciona hoy como una especie de panóptico que puede verlo todo… que cree que puede verlo todo. Lo que pasa es que de repente aparece un tipo  que se llama Andrea Lubitz en un lugar de entrenamiento de los pilotos de Lufthansa, le dicen que está un poco deprimido, le dan unos antidepresores y el tipo va a su casa, no toma los antidepresores y estrella un avión en los Alpes suizos. Lo que no pudieron ver es que el muchacho tenía delirios megalómanos. Esto pasa en general, porque la psiquiatría ya no existe más. La psiquiatría como un determinado tipo de saber sobre el sujeto. Hoy hay una especie de locura de la imagen, de verlo todo, que quizás fue la locura de la ciencia desde el siglo XVI. Pero lo real es lo que no puede pre-verse. Nadie pudo predecir esta tragedia, como nadie puede preveer ciertas crisis económicas, etc.

 ¿Y el psicoanálisis frente a esto? ¿Cuál es su posición más política? 

La política del psicoanálisis es la política del síntoma, de lo que no va. En su afán de verlo todo la ciencia produce, como decía Goya de la razón, monstruos. Y la ciencia tiene ojos para no ver, decía la biblia, en realidad tienen pantallas para no ver. El psicoanálisis intenta darle la palabra al sujeto y se interesa por lo real. Lo real es lo que no se ve, lo que no se quiere ver, como no se vió el horror del holocausto, de Hiroshima y como no se ven las muertes en masa que siguen ocurriendo. El hombre es el único animalito que busca la destrucción del otro y de sí mismo. El psicoanálisis señala eso como pulsión de muerte.

La singularidad. El nombre cualsea.

 Ya desde su conferencia, Fajnwaks plantea esa posibilidad remota del psicoanálisis. El psicoanálisis no se interesa en lo universal, ni en lo particular, sino en lo singular. En aquello que escapa a todas las representaciones y que sin embargo define a “cada uno” y a “uno por uno”, y esto no habría que entenderlo en términos de individualidad, sino o de lo que un individuo hace para pertenecer a una clase. Una singularidad puede tener casi la misma potencia de un universal. 

El psicoanálisis es la clínica del detalle. Del pensar masivo al pensar por detalle como pretendía Benjamin. El síntoma es siempre un detalle frente al pensar masivo. Veo hoy los afiches de los hombres políticos que están de campaña. Me recuerda a la palabra vacía que decía Lacan. Usando palabras como libertad, seguridad, etc. Eso es pensar masivamente. El detalle es aquello que te singulariza más allá de cualquier generalización. 

 La búsqueda del detalle no es, en este sentido, la búsqueda erudita o exegética en la obra lacaniana de aquello que Lacan dijo, sino que el detalle cualsea puede darnos (nueva paradoja) la pauta y el ritmo de cómo camina el mundo. Esta parece ser la intensión de Fajnwaks para, desde allí, en otra lengua de otra lengua, poder cruzar en perspectiva ese tiempo que nos atravieza.     

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