EL ETERNO TRIUNFO “MERZA”

EL ETERNO TRIUNFO “MERZA”

Por Matías Barzola

El cuarteto es de todos, pero es más de algunos que de otros. Es de esos que lo defienden desde el orgullo. Otros prefieren bailarlo a escondidas y condenarlo en público. En el futuro los bailes seguirán convocado a multitudes que irán en moto y todas las bandas harán temas de Jimenez aunque el ruludo sólo sea un recuerdo.

Me pidieron que escriba un artículo sobre cómo imaginaba el cuarteto del futuro. ¿Y cuál es el futuro?, ¿es el baile del sábado que viene, es dentro de diez años, o el futuro es cuando ya mis huesos sólo sean cenizas? Se me ocurre pensar que en cualquiera de esas instancias deberían existir puntos en común sobre el más cordobés de los géneros musicales. A veces confieso que cierro los ojos como para ver mejor las fantasías. Y mientras voy flasheando, en ese baile del futuro me vuelvo a cruzar, en la puerta, con el que a los gritos me ofrece “chicle pa´ chapá.. chicle pa´ chapá”. Un policía con cara de asco, me toca desde el pelo hasta las zapatillas y, mi chica se va al otro extremo de la formación donde una mujer policía parece entretenerse con sus senos. El escenario es igual al del sábado pasado en el Deportivo. Es más, creo que es el mismo escenario del mismo recinto. Un grupo arma una ronda sagrada, intocable. Entre medio de ellos, en el piso, hay unos vasos plásticos, una bolsa ordinaria de hielo y las botellas que son su gran motivación. Siguen manejando precios altos. O capaz que el sueldo es muy bajo. De todos modos parece una banda bastante organizada, paga una vuelta cada uno y entonces la noche no corre ningún riesgo. Los baños mejoraron. Por lo menos hay papel. Eso sí, una mujer de mirada amenazante te canjea la entrada al sanitario por un billete. Ya no es una moneda a voluntad como en otra época. Además, ahora el baño es uno solo para todos. Eso no esta tan mal.

Las selecciones siguen siendo tres y excepcionalmente una cuarta cuando se trata de bailes especiales. Los nietos de aquellos viejos promotores de bailes hoy siguen siendo los dueños del negocio. Todos siguen tocando temas de Jiménez. Todos siguen bailando temas de Jiménez. Jiménez fue y seguirá siendo todo. Es furor un pibe nuevo que clavó algunas buenas canciones y empezó a sonar fuerte en las radios. Tiene carita de bueno. Por lo menos eso me pareció en los séxtuples que vi cerca del puente Alvear. Me entretuve bailando y casi sin darme cuenta me quede hasta que terminaba. Y eso no es recomendable, lo de quedarse hasta que termina digo. Demasiada rabia como buscando culpables por el final de otra noche. El parque de motos ya es descontrolado. Tremendamente descontrolado. Hay tantas que ya no hay necesidad de que vayan tres o cuatro en una sola. Es más, parece haber más motos que cuarteteros. Dos borrachines se cruzan tirando manotazos al aire. En una décima de segundos ya es una batalla de diez contra diez. Uno cayó al piso y recibe mil patadas. La falta de lealtad en el combate sigue decepcionando. Allá un patrullero se lleva a dos chicas que se trenzaron por un guaso. Un grupo muy chiquito en medio de una gran fiesta le da de comer a las hienas que siguen encontrando carne para alimentar su odio. “Son negros que le vas a hacer. Pero negros de alma ehhhhh…no se trata del color” dicen, y salta una vieja que con los milicos se sintió más segura: “qué Dios me perdone pero habría que matarlos a todos”. Mientras ella cierra la conversación con aires de grandeza, su nieta se despide en un telo de mala muerte de uno de esos negros que le regalo una noche inolvidable.

En ese futuro que se hizo mi presente, siguen sonando radios que pasan promos de los bailes y se saluda a los privados de la libertad. Ya no hay locutores que hablen a los gritos, diría que desde la estética de los sonidos se dio un salto de calidad, es como más cuidado el arte. Eso sí, las radios de cierta elite siguen sin pasar cuarteto, ni de cortina. Pero en los boliches chetos cuando la quietud gana por puntos, un buen cuarteto los termina salvando. Algunos años atrás esa salvación era la cumbia canchera, pero duro poco. Como todo fenómeno que llega violetamente. Aún guardo entre mis discos aquellas historias cantadas por Ulises y una foto con el Keso de la LBC que supo aceptar una invitación a nuestro programa de radio. No veo tanto nuevo. Más bien mucho reciclado. Es que no tenía ningún motivo para pensar que si en ochenta años su esencia se mantuvo, en los próximos ochenta pudiera sufrir alteraciones. Seguirá siendo aceptado pero a medias. Como si acaso no sonara igual un tema de Damián en la Morocha que en la mansión de Las Delicias. Sigue siendo cosas de “brazas” que queman los sueldos en escabio, aunque prefiero pensar que se trata de la única liberación de muchos excluidos a quienes el sistema les puso el sello sólo por cortarse el pelo de determinada manera y lucir tatuajes desprolijos. Ahh.. en aquel futuro la cubana regresó como una moda retro. Sigue sin quedarnos bien, aunque me cabe lo mismo.

Me animé a gambetear varios almanaques enteros. Como si acaso fuera fácil. De todos modos el juego me genero interés. Vi una bandita al frente esperando un saludo del cantante. Reconozco que en aquel viaje no escuché tanto covers. Es como si el cuarteto todo, se hubiera puesto a escribir. Y aparecieron historias de muertos que nadie reclama, de amores súper prohibidos, de robos por necesidad, de condenados que insisten en su inocencia y algunos temas que sólo sirven para llenar un disco. Vi a los hijos de mis amigos, con quienes solíamos rompernos la cabeza en aquellas noches de Atenas. Veo que siguen bailando, que siguen criticando, que siguen igual a como seguía yo. Siento que en el futuro el cuarteto será tan necesario como hoy. Un sábado en Córdoba sin baile es como una ola que no encuentra las piedras para romper. Es posible que reviente de todos modos en la arena, pero no va a generar la misma explosión.

En aquellos días del mañana va existir, como sucede hoy, mucha gente juzgando un baile, sin siquiera saber dónde queda el Sargento. Al igual que va a persistir esa filosofía tan nuestra de que califique el que nunca calificó. Pero el cuarteto seguirá sonando orgullosamente o con tapujos en el colectivo a través de celulares en altavoz, en la casita del plan social, en el camión que reparte Coca, en la fiesta súper top… y se escribirán notas en los medios más conservadores y en alguna publicación universitaria. El cuarteto va a seguir de la misma manera en que llegó y se sostuvo. Mal que les pese a algunos, o bien que aliviane a otros.

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