Los nómades inmóviles

In Artes Visuales

Los nómades inmóviles

Por Eugenia González Mussano

*artista visual

Las residencias son formas vinculares de producción, y conforman una práctica bastante extendida en el arte contemporáneo. La artista Eugenia González Mussano, repasa su experiencia como residente en Rincón, provincia de Santa Fe.

Aprender a ir despacio como un caracol

Participé de una sola residencia: la residencia CURADORA. La casa azul, como le dicen en el barrio, está alojada en la comuna de San José del Rincón, Santa Fé, en un paraje semi-rural.

El proyecto surge de dos artistas, Maximiliano Peralta Rodríguez y Cintia Clara Romero, que eligen aventurarse en una vida compartida lejos de los centros urbanos, sin renunciar a lo que aporta la ciudad. Esto incluyó tener una casa en obras, muchas responsabilidades domésticas, dos perros, un gato y un jardín que cuidar. Lo que no les permite moverse con la misma ligereza que antes y deciden viajar a través de las visitas de otrxs artistas. Además de estas circunstancias se suma el deseo de poder ofrecer a otrxs algo que a ellxs mismos los había enriquecido.

Así crearon una obra-casa, un proyecto de trabajo-vida, una sociedad de amor: CURADORA. Estas formas del trabajo total o no-trabajo, creo que al menos en parte, no desplazan las decisiones personales por decisiones laborales, sino que conviven en un muy complejo entramado de intereses y así construyen nuevos imaginarios sobre el trabajo mismo. ¿Cómo decidir sobre nuestras condiciones de vida-trabajo? ¿Dónde entran las variables emocionales y corporales? ¿Cómo atender al deseo en nuestras decisiones laborales?

Usar el tiempo en cosas invisibles

Participar de una residencia es trazar una línea, hacer un recorrido que puede ir de los centros a la periferia o viceversa. Los centros y las periferias no son solo territorios fijos, son personas, proyectos de gestión, grupos de trabajo que aparecen y desaparecen como una luz intermitente. Atravesar el espacio al dibujar esa línea produce cambios en un cuerpo que se mueve, surcos en el territorio que sirven de norte para otros, y allana distancias para que la comunicación suceda. Participar de CURADORA para mí tuvo que ver con trazar una línea entre Córdoba y Rincón, una línea que no es mía, que es de todxs y que no sé bien de qué color es. Formar estructuras vinculares y por qué no económicas, estructuras nómadas que conectan con información de nuestros ancestros, cuando atravesar el espacio tenía que ver con la supervivencia, y que luego al superar este aspecto primario se convirtió en una acción simbólica que nos posibilita habitar el mundo.

Caminar bordando una remera que diga: no voy a ningún lado.

Hablar de residencias artísticas es hablar de trabajo y economías.

Hablar de residencias artísticas es hablar de nomadismo y traslación.

Hablar de residencias artísticas es hablar de un sistema vincular.

Todxs coincidiríamos en que una residencia es un taller desplazado con la posibilidad de dedicarse tiempo completo al trabajo como artista, un punto de encuentro (o desencuentro) con otrxs pares y un espacio para la activación de redes.

Volver una y otra vez a aquello que me ha conmovido es no querer renunciar a la intensidad.

Lxs artistas tenemos algunos conflictos para definir el trabajo, que en el mejor de los casos es ese profundo anhelo que orienta a una persona a dedicar toda su vida a tal o cual actividad. Este conflicto parece estar ligado a que se le ha pedido al arte que se mantuviera al margen de la competitividad de la vida diaria, que se sostuviera como experiencia desligada del mundo real contaminado y que se erigiera como una experiencia sublime. En el presente lxs artistas desencantados de la idea de genialidad y originalidad encontramos nuevas formas de producir. Sabemos que no es verdad que creamos solos, nuestras obras o accionares son el resultado de infinidad de citas, de infinidad de voces que la genealogía del pensamiento humano lanza sobre todxs en forma de cultura según sostiene Barthes. Las producciones no se sitúan al margen de la funcionalidad práctica, pero tienen una relación dialéctica, conflictiva. El arte piensa la cotidianidad, la cuestiona y si tuviera que lanzar una hipótesis de cuál es la función del artista hoy, diría que es desenmascarar el tiempo del trabajo y proponerlo como un tiempo de disfrute productivo.

Tiraré un dardo sobre el mapa e iré hacia donde el dardo me indique. El deseo de ser libre y moverme.

Sostener el vagabundeo errático como una posibilidad existencialmente deseable y económicamente productiva podría ser uno de las grandes conquistas del arte. Poner en riesgo la seguridad y el dominio sobre el espacio que marca la cultura, trazar la propia experiencia. El perderse como condición del ser, perder el poder sobre el territorio, producir en un punto diferente del mapa cada mes, crear un espacio nómade. Un espacio, que al igual que el arte desencantado del objeto propone una obra-pensamiento, una obra-proceso, una obra-acción, pueda ejercer sobre el territorio, el trabajo y el tiempo ese mismo influjo desmaterializador. Un espacio invisible y a la vez concreto entramado por saberes, revoluciones, intuiciones y amores, donde se tejan otras maneras de vincularse en sociedad.

Buscando un momento de coincidencia entre la experiencia de vida y la conciencia de existencia.

Pensar las residencias artísticas como un sistema vincular, nos posibilita pensar el arte y el trabajo en general como un sistema vincular. El arte tiene su tradición relacional, como mencionaba anteriormente, y en su afán desmaterializador ha valorado -en ocasiones- más las relaciones entre los sujetos, que las cosas en sí. El arte es una forma de percibir fragmentaria, conectada por una conciencia a vuelo de pájaro con la macro-totalidad, pero que nunca abandona su fragmentación. Somos una especie controladora que no podría dominar sino percibiera todo como objetos. Escarbar en una noción vincular dentro de los sistemas del arte y la sociedad, exige un poco más de esfuerzo en pensar ¿cuáles y cómo son los vínculos y entre quiénes? No solo cómo nos relacionamos con otros sujetos, sino entre los sujetos y las cosas, entre los sujetos y el ambiente, entre los sujetos y las otras especies. Somos animales predadores pero con una moral que nos aturde.

Utilizo al arte y toda su historia como una herramienta que me permite ver en su micro ecosistema el funcionamiento de una sociedad en su conjunto. Puedo observar en él sus deseos de libertad y fraternidad y también su dominación. Esta herramienta tiene su peculiaridad, que nos permite entrar y salir de los sistemas de la vida práctica. Habitarlos, hacerlos extraños y absurdos. Utilicemos al arte sin respeto, recuperemos la potencia sensible de nuestros cuerpos, recuperemos la confianza individual para desarrollar una inteligencia, sensible e intuitiva, que nos permita generar un sistema económico-vincular sin dominio.

Confío en las cosas que no puedo entender

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